domingo, 7 de mayo de 2017

MUERTE EN CIUDAD UNIVERSITARIA: MOTIVO DE DEBATE Y REFLEXIÓN

Por Liliana Quiroz Zavala
Ciudad de México (Aunam). Llegó la una de la tarde y comenzó la asamblea. Pocos fueron los que asistieron a la explanada baja frente al auditorio Ricardo Flores Magón, apenas 150 estudiantes de los más de 10 mil que conforman la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Los presentes, con sus mochilas al hombro, se sentaron en las escaleras, en los alrededores de la calurosa plaza estudiantil. Unos estaban dispersos, otros muy atentos a las voces que tomaban el micrófono.


“Fue un feminicidio y está enmarcado en la violencia que hoy azota el país” dijo indignada una joven proveniente del Instituto de Humanidades. “Hay que demandarle a nuestras autoridades universitarias que nos cuiden, que hagan su trabajo” fue otro reclamo. “Entre nosotros hay que cuidarnos compañeros, ya sabemos que no podemos depender de la autoridad” le contestó un joven de movilidad proveniente de Nuevo León. “Hay que marchar, mañana todos a marchar contra la violencia”.

En la asamblea el ambiente era de confusión e indignación por el hallazgo del cuerpo sin vida de Lesby, una joven de 22 años encontrada alrededor de las 7 pm entre la Facultad de Química y el Instituto de Ingeniería el miércoles 3 de mayo. La violencia alcanzó a Ciudad Universitaria o como lo calificó otra compañera, “se expresó bestialmente”. Esa violencia que ya rebasa por mucho los 300 mil muertos y 40 mil desaparecidos en México; una guerra que como califican periodistas como Carlos Fazio, “es amoral y alegal, propia de una democracia criminal y mafiosa”.

Una guerra de la que hablaron en la asamblea apenas una centena de estudiantes en Ciudad Universitaria, un ciento que se sumó a la protesta de todas esas voces indignadas por esta crisis de odio, inseguridad y violencia que ha desangrado al país desde el gobierno de Calderón y se ha incrementado durante la presidencia de Enrique Peña Nieto.

Así discutieron los jóvenes sobre el estado y las perspectivas de la seguridad pública que como reconoce el reclamo callejero, la movilización organizada, la opinión pública, la academia, organismos de derechos humanos, entre otros han sido incapaces de garantizar el libre ejercicio de los derechos más elementales de la población.

La convocatoria de marchar hacia el zócalo se acordó por consenso. Poco a poco fue finalizando el espacio de información y debate construido por aquellos que se solidarizaron con una muerte más en el país Acabó la asamblea, pero quedaron los ecos del hartazgo, del miedo y el hondo silencio de la muerte.

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