miércoles, 17 de mayo de 2017

"LXS PERRXS" DEL CHE

Por Adela Sánchez Olvera
Ciudad de México (Aunam). Daiser, un pequeño perro chihuahua con grandes ojos saltones negros, permanece en la maceta de concreto que se encuentra detrás de los vendedores de sushi. Con sus dos pequeños dientes quita la poca carne que le queda a un hueso, que le dio momentos antes una chica alta, delgada y con rastas.


El chihuahua se deja acariciar por los estudiantes que pasan por el famoso pasillo de Filosofía, que se encuentra inundado de diversos olores de comida, como los tacos de mixiote, el platillo más solicitado en este pasillo-comedor.

Lo contrario de la pasividad y amabilidad de Daiser lo representa Puky, un canino flaco y con el pelaje desarreglado que muestra en las barbas restos cafés de la sopa que se comió. Esta pequeña bola amarillenta reacciona de manera violenta cuando un joven se acerca a acariciarlo: ladra tan fuerte que los chicos que cruzan la calle se sobresaltan y sus ojos pasan a contemplar la rabieta de Puky.

“Te va a morder”, le advierte el vendedor de sushi con un bocado de comida en la boca. El joven por segunda vez intenta acercarse al perrito que vuelve a ladrar y lanza ahora una mordida, que el chico logra evadir. “¡Puky!”, le llama la atención una chica que se encuentra en el mismo puesto. “¡Qué violento compa!”, le reclaman y éste se refugia debajo de una silla, con una cara de susto que lo hace ver tierno después de su ataque.

Las reacciones violentas de Puky ante desconocidos son normales, reconocen los integrantes de la comunidad Okupa Che, después de lo ocurrido el 3 de marzo de 2014.

Ese día dos grupos se enfrentaron por el control del auditorio. Hubo torturas a base de choques eléctricos para los okupas que velaban esa noche el auditorio. Los golpes también alcanzaron a Puky y su mamá Lola, quien falleció debido a las heridas. Desde entonces Puky se muestra agresivo con toda la comunidad ajena a los colectivos que permanecen en el auditorio.

Sin embargo, el pequeño canino se muestra cariñoso y protector con los integrantes de la comunidad; pasa de brazo en brazo como si de un bebé se tratara y se recuesta en las piernas de los okupas, a tal grado que llega a dormirse. De igual manera come al lado de los vendedores de sushi, tortas, accesorios, discos, libros, ropa y demás puestos que le dan fama al pasillo de la Facultad de Filosofía y Letras que conecta con la Biblioteca Central.

Los integrantes del colectivo tienen la firme ideología de que no son animales, sino seres vivos que tienen los mismos derechos y la libertad para elegir con quien quieren pasar su tiempo, por lo que no los atan y los dejan andar sueltos, hasta irse de vacaciones.

Si bien es cierto que el colectivo de Okupa Che está lleno de diferentes ideologías –como anarquismo, feminismo, veganismo, comunismo o incluso de aquellos que apoyan el Movimiento de Liberación Animal– resalta que tanto Emma, Puky y Daiser no son animales ni mascotas: ellos forman parte de la comunidad. Por lo tanto son llamados compas, compañeros y camaradas.

Con las diferentes actividades que se realizan en el auditorio, se recauda el dinero para su mantenimiento. Un ejemplo de esto es el comedor vegano, que funciona desde el 2001. Además, los recursos recabados se utilizan para la supervivencia de los colectivos y sus integrantes y, por lo tanto, también de los compañeros perrunos que se encuentran en un auditorio tan polémico.

Conforme transcurre el día y llega la tarde noche, Emma, Puky y Daiser se acomodan a las afueras del auditorio, viendo a los jóvenes pasar. Algunos voltean a ver a los camaradas caninos, sonríen, y con una exclamación de ternura y voz aguda dicen “Mira, ¡qué bonito perrito!” y continúan su camino dejando atrás las miradas de estos tres perritos, protectores de su comunidad.

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