martes, 16 de mayo de 2017

CAMANINO

Por Adela Sánchez Olvera
Ciudad de México (Aunam). Al pasar por el famoso pasillo de Filosofía y distinguir los diferentes puestos de comida vegetariana, así como el olor tan peculiar de los tacos de mixiote, pueden observarse en la entrada del auditorio Justo Sierra, mejor conocido como el Che Guevara, tres distintas razas de perros; uno pequeño, otro mediano y uno grande.


Llevan por nombre Daiser, Puky y Emma respectivamente. Pertenecen a la comunidad de los okupas, el sobrenombre que comparten las distintas personas que se encuentran en el auditorio. Daiser y Emma se muestran amigables y cariñosos con los diferentes estudiantes de las diversas carreras ofrecidas en Filosofía que se acercan a jugar con ellos o simplemente a acariciarlos.

La “mamá” (la joven prefirió no dar su nombre) de Puky comenta que esta pequeña perrita sufrió un colapso de pulmón tras una riña con otros perros a principios del mes de febrero y que “casi no la libra”. Sin embargo, poco a poco se ha ido recuperando, aunque Puky aún tiembla y a veces hasta huye para esconderse. “Desde el accidente quedó un poco espantada”, dice su mamá.

A raíz del accidente de Puky, la comunidad del Che Guevara solicitó ayuda en su página de internet para cubrir sus gastos, ya que éstos rondaron entre los mil y tres mil pesos. Para ello realizaron un bufete vegetariano el pasado 8 de febrero, donde todas las ganancias serían destinadas para la recuperación del “compa”.

Estos perritos, que acompañan a la comunidad día a día, tienen la libertad de moverse y hasta suelen dar paseos con los estudiantes que ya conocen, para después regresar a su hogar y acompañar a sus “papás” en alguna charla política o simplemente echarse en la entrada del auditorio.

La comunidad de los okupas acepta cualquier donación para mantener a los perritos, desde comida hasta tiempo de juego. Con respecto a la comida comentan que en ocasiones los integrantes de la comunidad difícilmente comen. Sin embargo, siempre buscan darle aunque sea un bocado a sus amigos caninos, puesto que todos son parte de una cooperativa y tienen los mismos derechos.

Asimismo tratan de cumplir los antojos de sus compañeros perrunos, pues éstos no son amantes de las croquetas y prefieren las buenas piezas de pollo –muslo, pierna y pechuga–. Tratan de alimentarlos como a ellos les gusta, aunque de vez en cuando les dan sus tacos de mixiote.

Sus dueños tratan de variar las dietas de Daiser, Puky y Emma, ya que defienden la idea de que a ningún ser vivo le gustaría comer lo mismo durante toda su vida. Cuando los recursos no alcanzan para comprarles sus alimentos favoritos, sus “papás” esconder algunos croquetas entre el puré que hacen con verdura y caldillo.

Así como tienen muchos amigos de otras facultades, hay momentos en que Emma, Puky y Daiser prefieren la soledad y se esconden en el gran auditorio así como debajo de las mesas de la Fanzinoteka, que es un espacio que cuenta con diferentes fanzines, folletos, carteles sobre diferentes movimientos e ideologías compartidos en esta facultad.

Los okupas festejan y dan las gracias cuando les llega algún donativo para sus camaradas caninos; más allá de cualquier prejuicio contra ellos, los okupas consideran un bienestar el saber que hay personas ajenas a sus ideologías que se preocupan por los perritos que habitan en el auditorio más polémico de la UNAM.

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