jueves, 28 de abril de 2016

LA NOVENA AURIAZUL A LA UNIVERSIADA NACIONAL

Por: Rafael Vadillo Santos
Fotos por: Michelle Ramírez Corral
México (Aunam). Los Pumas de béisbol lograron su clasificación a la Universiada Nacional 2016, torneo que se llevará a cabo el próximo mes de mayo en Guadalajara, Jalisco, tras vencer 12 carreras a 2 a su similar del Instituto Politécnico Nacional (IPN) este fin de semana en el Parque Universitario de Béisbol de Ciudad Universitaria.


La escuadra felina estuvo en el grupo A, de la fase regional del Consejo Nacional del Deporte de la Educación (CONDDE), junto a la Universidad Iberoamericana (UIA) y la Universidad Autónoma de Chapingo (UACh). Comandados por Ernesto Montero Morales, los Pumas avanzaron al partido decisivo en el segundo lugar de este grupo; luego de terminar la primera ronda con marca de un partido ganado y otro perdido.

En un encuentro que mantuvo el marcador empatado a dos carreras a lo largo de las siete entradas oficiales, los peloteros de la Máxima Casa de Estudios, lograron sacar ventaja en los extra innings gracias al bateo oportuno de Juan Aguilar de la Facultad de Contaduría y Administración; Uriel Pichardo de la Facultad de Ingeniería; Alexis Martínez de la Facultad de Estudios Superiores Aragón; e Ian Trujillo de la Facultad de Química, quien además se adjudicó la victoria como pitcher.


Con este resultado, los auriazules se unen a la UIA como representantes de la Región VI (Ciudad de México, Estado de México, Morelos y Guerrero) del Condde en la próxima Universiada Nacional. Los actuales campeones del Torneo Nacional de Primera Fuerza de la Comisión Nacional Estudiantil de Instituciones Privadas (Conadeip) en su edición 2016, asistirán a esta justa en busca de mejorar su actuación del año pasado (Universiada Nacional UANL 2015) donde terminaron la fase de grupos sin conocer la victoria.





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DESFOGUE DE VIERNES POR LA NOCHE

Por Katia Morales Marcelino
México (Aunam). Dicen que las penas con pan son menos, pero cuando se tiene un mínimo de 200 pesos, buen aguante etílico, ritmo de nacimiento y amigos fiesteros; en vez de pan, se prefiere la cerveza. A las diez de la noche las danzarinas luces neón de color azul del bar Exa Live reciben gustosas a todos aquellos –mayores de 18 años- que necesiten iniciar el tan ansiado “desfogue” que permita liberar todas aquellas penas laborales, amorosas y estudiantiles.


La puerta es pequeña y el sujeto con sobrepeso que responde al nombre de Víctor Quintanar no hace fácil la entrada. “Que se diviertan”, dice. La construcción parece una enorme chimenea: paredes de ladrillos entre tonos rojos y café claro son el material principal y no más de cien metros cuadrados tiene de extensión el bar. De éstos, la mitad está ocupada por 20 mesas y la otra mitad destinada para una diminuta pista, un escenario y la barra.

La decoración la conforman guitarras autografiadas dentro de delgados escaparates de cristal. En uno de estos, el instrumento porta de su lado izquierdo una indescifrable maraña de líneas negras, debajo un pequeño letrero: Sin Bandera, dice. A donde la mirada voltee se hacen presentes fotografías de Marc Antony, Lupillo Rivera, Alejandro Fernández, Soda Stereo, Jenny Rivera, Paulina Rubio y todos aquellos artistas que tienen un lugar dentro del bagaje musical mexicano.

Medio centenar de personas se han dado cita, en su mayoría hombres. Botellas y tarros de cerveza, micheladas y cocteles -el alcohol en todas sus presentaciones- son dejados en las manos de los asistentes. Entre las mesas, tres hombres y dos mujeres con delantal rojo, maniobran y se deslizan sigilosamente, dirigen sonrisas y preparan cuentas.

A las once y media de la noche, los visitantes que interpretan sobre el micrófono sus canciones favoritas, han disminuido. El alcohol comienza a hacer estragos: el sentimiento dentro de las interpretaciones va en aumento y la “pena ajena”, también. Los artistas con mayor raiting en el karaoke son José Alfredo Jiménez, Paquita “La del Barrio” y Jenny Rivera.

Para la media noche, el karaoke cierra su última ronda y la música da un giro de 180 grados. En los altavoces retumba “El verde de tus ojos”, cumbia interpretada por el grupo “Los Llayras” -¿de qué otra forma se puede dar ambiente para bailar, si no es con géneros tropicales?-. Los asistentes no se hacen del rogar y dan rienda suelta a sus mejores pasos de baile.

“Me estoy divirtiendo mucho, hace un buen que no salíamos”, le dice Mariana López a su novia Patricia Ochoa. Ambas son estudiantes de la carrera de Mecatrónica en la Unidad Profesional Interdisciplinaria en Ingeniería y Tecnologías Avanzadas (UPIITA) del Instituto Politécnico Nacional (IPN). “Vivimos cerca de aquí. Nunca habíamos podido venir, pero ya nos lo habían recomendado”, dice Patricia. Acto seguido, se dan la media vuelta y vuelven a acoplar sus delgados cuerpos, al son de la música.

A la una y media de la mañana del día sábado, los asistentes comienzan a salir del lugar. Unos trastabillando, otros preparando sus cigarros y encendedores. En la acera, algunos buscan un taxi que se atreva a llevarlos a casa a esas horas de la madrugada. La fiesta y la “bebedera” han terminado, un día más en la lista de las visitas de estas personas a bares parecidos a Exa Live.

No saben o no quieren saber que la demanda de bares en la Ciudad de México va en aumento. De acuerdo con El Universal, en 2014 se tenía la penosa cantidad de haber 3 bares por cada biblioteca pública, dando a México el décimo lugar en consumo per cápita de alcohol en América Latina con 7.2 litros anuales. Desconocen también que en 2010 el periódico La Jornada dio a conocer que el 15% de decesos y discapacidades durante ese año, fueron debido a los estragos del alcohol.

No lo saben, seguirán arribando al local 102 de Plaza Lindavista. Nada cambiará. En la entrada el logo del bar, caracterizado por un cuchillo y un tenedor cruzados, en medio de una guitarra, continuara apareciendo como una luz al final de un día agotador. Dando paso a ese desahogo etílico que se comienza con la voz de José Alfredo Jiménez diciendo “Amanecí otra vez, entre tus brazos…” y que se concreta con pasos de baile, unas cuantas vueltas y varias cervezas.




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EL SAQUEO DE LA RIQUEZA MINERA DE HIDALGO

Por Raúl Parra Rosales
México (Aunam). Hay oscuridad total, a cada paso disminuye el oxígeno. La atmósfera es húmeda y el terreno, irregular. Gotas de agua caen lentamente sobre los cascos de los cautivos, quienes gritan despavoridos ante la imposibilidad de ver lo que hay a su alrededor. Instantes después de esfuma la penumbra; los forasteros respiran aliviados al retomar consciencia del lugar donde están: la Mina de Acosta, en Mineral del Monte, Hidalgo.

Cerca del mediodía, 40 alumnos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) llegan a la Mina de Dolores. Por la módica cantidad de cinco pesos, un tranvía les ahorra media hora de camino y les permite tener una vista privilegiada del colorido pueblo a aquellos que van en la parte superior. El recorrido a la Mina de Acosta se hace en un santiamén.


El costo del acceso al Museo Memorial Mina de Acosta es de 40 pesos para el público general y 30 para estudiantes. En el panorama prevalece el verde del pasto, mientras que la edificación es blanca y tiene el techo rojo. Rufino Carmona Jiménez, un minero retirado que a sus 53 años gana mil 200 pesos mensuales por hacer visitas guiadas, ya espera al grupo dentro del museo.

El hombre moreno, de baja estatura y cabello corto, que está curtido por la experiencia y porta un casco amarillo, explica que el museo es conocido a nivel internacional. “Me ha tocado hacer entrevistas para Televisa, Venga la Alegría, Reforma en prensa, y hasta para Venezuela”, expresa con orgullo.

La historia minera de Hidalgo está definida por el saqueo. Durante los más de 450 años que se mantuvo con vida, entre 1552 y 2005, el distrito minero Real del Monte-Pachuca tuvo tres amos extranjeros: los españoles, los ingleses y los estadounidenses. En el siglo XIX, los mineros nacionales percibían un salario diario del equivalente a dos pesos en la actualidad.

El museo es pequeño, está compuesto por apenas una sala donde se exhiben teodolitos, máquinas de escribir, relojes, sumadoras, calculadoras, brújulas, bombas de vapor, lámparas de carburo y equipos fotográficos utilizados durante las distintas etapas del desarrollo de la mina.

El grupo se dirige a la calesa, enclavada en el patio central del lugar. Esta estructura metálica de color rojo, que se erige varios metros sobre el suelo, es la entrada principal a la mina. Antaño, cuando aún se encontraba en funcionamiento, permitía que siete u ocho mineros descendieran hasta las entrañas de la tierra mediante el uso de un sistema de claves y toques.


Por indicación del guía, y debido a cuestiones de seguridad, los visitantes pasan a un pequeño cuarto donde se ponen cascos de diversos colores. Éstos representan una categorización jerárquica: el rojo es para los soldadores; el naranja para los mecánicos; el azul para los electricistas; el amarillo para la gente de producción; y el blanco, inalcanzable para los mexicanos, le pertenece a los jefes.

Finalmente llega la actividad que originó el viaje: conocer el socavón de la mina. Los estudiantes se aglutinan e ingresan al túnel, encabezados por Rufino Carmona. Sus dimensiones son estrechas; algunos se agachan para no golpearse la cabeza. En los muros hay fotografías que exhiben las condiciones paupérrimas en que trabajaban los mineros nacionales en el siglo XIX: tan sólo vestían huaraches y sombreros de palma, sin ninguna garantía de seguridad.

Las paredes del túnel están enmohecidas, la luminosidad es escasa. El verde del hongo sobresale cual diamante entre el pardo de las rocas, tal como lo hicieran el oro, la plata, el cuarzo, el plomo, el bronce, el zinc y el cobre durante los años mozos de la mina. La imperante humedad refleja el problema más grande de cualquier excavación: el exceso de agua.

El grupo avanza, conforme más se adentra el frío se vuelve insoportable. A la derecha hay una veta de plata, reducto del esplendor pasado. En el trayecto, los visitantes conocen una letrina minera, conocida como ‘cuba’. Al final han recorrido los 450 metros del túnel de la Mina de Acosta que desemboca en la Mina “La Dificultad”. Ahora se encuentran a 120 metros de profundidad, en el primer nivel, pero ya no descenderán más; no son tan desafortunados.

De acuerdo con Rufino Carmona, de todo lo que extrajeron del distrito minero Real del Monte-Pachuca a lo largo de su historia, tan sólo el 2 por ciento se quedó en territorio nacional; el resto fue a parar a Estados Unidos y a Europa. Sin embargo, para él, lo peor es la pérdida de oportunidades laborales: “Cierran las minas y se acaba la principal fuente de empleo”.





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SINTIÉNDOLO TODO

Por Yuritzi Elvira Rodríguez Trejo
México (Aunam). Las paredes del Pepsi Center ubicado a un costado del Word Trade Center de la Ciudad de México cambiaban de color con las luces estroboscópicas que provenían del escenario en donde la banda Alemana de pop-rock Tokio Hotel presentaba su más reciente álbum de estudio Kings of Suburbia como parte de su gira internacional Feel It All World Tour.


“Jamás había sido tan feliz en mi vida, desde que anunciaron que vendrían no dejaba de pensar en cómo sería tenerlos de frente” comenta Penélope Montes de Oca, estudiante de psicología del Instituto Politécnico Nacional, cuando recuerda el día del concierto de su banda favorita.

Penny, como prefiere que la llamen, tiene 20 años, no pasa del 1.60 metros de estatura y su cabello es de color café, del mismo tono que sus ojos. Se encuentra sentada en posición de loto mientras juega con el pasto del Parque Hundido en la Ciudad de México. Bretzel Rodríguez, una de sus mejores amigas está sentada junto a ella. Ambas tienen el último disco de la agrupación en sus piernas.

Bret sonríe mientras Penny cuenta su experiencia en el concierto y asiente al mismo tiempo que ésta última intenta dar datos precisos, como la hora de llegada al recinto, el momento en que la banda telonera Allison subió al escenario y cuando finalmente sus ídolos desde hace más de 6 años comenzaron con el show.

“Recuerdo que en Facebook se decía que varias fans se fueron a acampar desde un día antes y me enojé mucho” – sonríe Bret - “Ese día llegue como a las 6:00 am y ya había varios formados, pero no tantos, luego de esperar muchas horas por fin nos separaron por paquetes”.

Tokio Hotel es una banda de pop-rock que comenzó en 2001. Con su primer sencillo Durch Den Monsun lograron conquistar Europa y posteriormente en 2007 con Scream ,álbum en inglés con el que buscaban llegar a más seguidores lograron pisar tierras mexicanas gracias al apoyo de las radiodifusoras nacionales y de sus seguidores.

La agrupación no había lanzado ningún material discográfico desde el 2009, con Humanoid y su última gira Welcome to the Humanoid City Tour (Bienvenido a la Ciudad Humanoide) fue la última vez que estuvieron en México durante los primeros días de diciembre de 2010.

Feel it All World Tour fue una oportunidad única para sus fanáticos, formados principalmente por mujeres, ya que por primera vez los pases al Meet & Greet se vendieron, lo que ocasionó que la posibilidad de conocer a la agrupación fuera más accesibles. Los precios iban desde 25, mil hasta los mil, 200 pesos según las cualidades de cada paquete, los cuales estaban nombrados por canciones.

“No tenía mucho dinero y los pases volaron, así que compré uno sencillo, el Dancing in the Dark, sólo incluía Soundcheck (prueba de sonido), pero valió cada centavo” Afirma Bret “Nos dejaron entrar como a las 6:00 pm y la música se escuchaba hasta a fuera del Pepsi, tocaron Coverd In Gold y Dark Side Of the Sun y creo que Girl Got a Gun, la emoción no me deja recordar”.

Adolescentes de diversas edades se formaron afuera del recinto durante horas, incluso hubo quien decidió dormir ahí. A cada segundo que transcurría las emociones se sentían a flor de piel, cada minuto era uno menos a la espera de cinco años para poder ver a su banda favorita en vivo.

Eran alrededor de las 9:00 pm cuando Allison, banda mexicana de rock había dejado el escenario cuando Tokio Hotel ocupó su lugar. Diversas luces de colores bailaban sobre una tela delgada casi transparente mientras las primeras notas de We Found Us se encargaba de comenzar el show, lo que despertó la adrenalina de sus seguidores quienes no dejaron de corear cada pedazo de la canción mientras Gustav tocaba la batería, Georg el bajo y Tom la guitarra, éstos últimos usaban paliacates en sus rostros, mientras Bill, el vocalista, lucía un traje ajustado negro con dorado, una capa del mismo color y una corona.

Durante el transcurso de la noche, las actividades que los fans realizaban para mostrar su amor por los músicos variaban. Casi desde el comienzo del show los fans habían organizado utilizar globos con focos de led en su interior para hacer brillar todo el recinto, los cuales podían adquirirse afuera del lugar y tenían la imagen de un Alien en ellos, símbolo que identifica a los fanáticos del grupo.

El lugar estaba repleto de luces de colores brillantes y para el momento de interpretar Masquerade casi al final del concierto los fans usaron máscaras con el emoticono de un extraterrestre y algunos corazones, para posteriormente entonar las famosas “mañanitas” pues ese día los gemelos Bill y Tom Kaulitz, cumplían 26 años de edad.

Los cambios de vestuario fueron numerosos, principalmente de Bill Kaulitz: pantalones de mezclilla rotos acompañados de un abrigo rojo; trajes negros con cintas color neón que reflejaban las luces provenientes del escenario e incluso camisa blanca con pantalones de vestir negros y una gran cantidad de cadenas plateadas que adornaban el cinturón del cantante.

Justo antes de Great Day, canción con la que finalizaba el show, Gustav Schäffer, y Georg Listing, subieron al escenario un pastel de cobertura blanca mientras los fanáticos continuaban cantando, pero ésta vez en inglés, al momento en que los hermanos Kaulitz casi al borde de las lágrimas se abrazaban y agradecían por el apoyo recibido durante tanto tiempo.

Para algunos fans, la fiesta terminaba en ese momento, para otros afortunados aún podrían verlos un poco más, ya que el paquete Great Day contenía la convivencia después del concierto en donde podrían realizar preguntas a los músicos y tomarse fotografías con sus teléfonos celulares y la “profesional”, que constaba de una foto grupal tomada por un experto.

Después de esperar una hora, el reloj marcaba las 12:00 am y Bill, Tom, Gustav y Georg salieron al pequeño cuarto pintado de blanco con algunas sillas en el centro de color negro para contestar las preguntas de sus seguidores. Todo se llevó con normalidad y se entonó por milésima vez el “Happy Birthday”.

Los músicos habían cambiado su vestuario por uno más cómodo: todos usaban pantalones de mezclilla negros a excepción de Bill, cuyo pantalón era de vestir, Tom usaba una playera blanca de adornos circulares oscuros y su largo cabello café en un chongo; Georg llevaba una playera negra con una camisa de mezclilla azul sin abrochar y Gustav una playera color rosa con una gorra negra de Addidas.

El vocalista de más de 1.90 metros, usaba una camisa blanca con las mangas dobladas hasta los codos y un par de tirantes negros para sostener su pantalón de tela ligera. El rubio dejaba ver sus múltiples tatuajes de sus brazos, destacando el ubicado en su mano izquierda que la cubre por completo; el dibujo está compuesto por huesos y sobresalen una flor acompañada de una pequeña ave.

El público que permaneció en el recinto estaba conformado por mujeres mayores de 18 años; algunas tenían el cabello pintado de colores llamativos como el rosa y morado, otras más usaban ropa en tonos neón; varias de ellas tenían tatuajes relacionados con la banda: (el logotipo formado por tres barras horizontales y una vertical, pedazos de canciones e incluso el nombre de cada integrante).

Las preguntas se terminaron de realizar y llegó el momento de tomar las fotografías. Las fans hicieron una fila y una a una las fanáticas pasaban a tomar las selfies y la imagen grupal para posteriormente recoger el poster autografiado y dejar el lugar, lo que marcaba el final de las emociones, sólo hasta que llegué el momento de sentirlo todo otra vez.




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miércoles, 27 de abril de 2016

TRAS EL RASTRO DEL TURIGO

Por Ximena Navarro Esquivel

Las lluvias y vientos que azotaron la capital del país habían dejado un cielo claro, inusualmente despejado, que perduró hasta la tarde, cuando una pareja fue en busca del Turigo: un vehículo dedicado al transporte de una sola persona, que se puede encontrar en la Plaza de la República o el Monumento a la Revolución.

Este medio de transporte de dos ruedas, similar al patín del diablo, es “hermano” del Turibús.

El último es un transporte cuyo fin es promover y elevar a la Ciudad de México como un destino turístico de categoría internacional, según el propio gobierno de la ciudad.

Los rayos solares calan mientras se recorre la Plaza de la República, espacio que ha albergado por 77 años al Monumento que conmemora la Revolución Mexicana de 1910. Dicha área no sólo resguarda al mausoleo de los héroes revolucionarios, sino también a jóvenes de cabellos de colores sobre patinetas, a adolescentes solitarios, parejas de enamorados, niños en bicicleta y al escurridizo Turigo.

El Ninebot, nombre otorgado por la empresa Segway Inc. en 2002, pero rebautizado por las autoridades de la Ciudad de México en 2016 como Turigo, fue anunciado a través de las redes sociales de la Secretaría de Turismo de la Ciudad de México, así como en medios nacionales como El Universal o Milenio el pasado febrero.

De acuerdo con el anuncio reciente, el Turigo debía de aparecer rápidamente entre las parejas entrelazadas de jóvenes o entre los adolescentes que arman una coreografía frente a propios y extraños; sin embargo, el Turigo se resistió a ser hallado.

Al ingresar a la plazoleta por el lado de Insurgentes Centro, se aprecia la entrada del Museo Nacional de la Revolución, espacio, donde, por lo general se ubica algún guía de turistas, quien brinda información acerca de las actividades turísticas del lugar (como Turigo). Vestida con un chaleco negro, una joven de no más de 25 años es cuestionada sobre esta novedad, hace una mueca de molestia e indica que esa información la tienen los policías.

Al caminar debajo del monumento a la lucha más reciente y significativa en la historia de México, se aprecian a jóvenes sentados con las piernas cruzadas sobre el suelo polvoriento; a niños risueños deseosos de huir de la mano de sus padres; mas no se divisa a ningún policía y mucho menos a un Turigo.

En una de las esquinas del mausoleo está parada una muchacha; también de chaleco negro y de no más de 25 años, pero mucho más risueña que su compañera, quien dice haber visto a algún ninebot o “patín del diablo eléctrico”. De repente señala al vehículo de no más de 14.2 kilogramos que se abre paso entre los jóvenes, sus patinetas y las quinceañeras de vestido azul marino con sus respectivos chambelanes.

Turigo es conducido por un joven de cabello largo y lacio, de piel blanca, cuyos anteojos se ven obstaculizados por el juego que el viento de la tarde hace con su pelo castaño claro. Responde amable a las preguntas que una pareja de jóvenes estudiantes le hace respecto al Ninebot.

“Existen dos paquetes. El de $299 y el de $350, en el último también te dan un pase para el turibús, en el primero no. Te conviene más el segundo porque comprende todo un día sobre el Turibús. También te incluye la capacitación y el recorrido de una hora sobre el Monumento a la Revolución…¡Ah! Y el casco también va incluido”. Con una sonrisa agrega: “Es preferible que hagas el recorrido entre semana, porque en fin de semana es muy difícil circular”.

Después, el joven continúa su marcha hasta llegar a una pequeña estación solitaria conformada por una mesa de madera, una lona de plástico con el nombre “Turigo” y un banco de metal negro ubicados afuera del edificio del Frontón México.

Vox populi acerca de Turigo

“O comes o te subes al Turigo”, señala la señora Elizabeth Velez, quien asegura que jamás había oído hablar sobre este medio de transporte, hasta hoy. Lo considera “caro” y el recorrido le resulta predecible. Elizabeth conoce este medio de transporte creado por Segway Inc. gracias a que acaba de acercarse a la “estación” del mismo, orillada por las súplicas de su hijo de once años y cara regordeta.

Ni el joven de suéter guinda sentado junto a la estatua de Jiménez Deredia dispuesta sobre la explanada, ni la chica de cara pecosa, cabello rojizo y mirada llena de desconfianza, ni dos jóvenes sobre patineta -cuyas risas nerviosas impidieron que informaran sobre sus respectivos nombres-, han oído de este aparatito.

Los rayos del Sol han cedido al avance del día. Ya no calan, pero sí cala el viento helado. El cielo continúa con un azul inusual. El vendedor de rosas rojas ha pasado dos veces y ha fracasado en ambos intentos. Pero el Turigo se ha ocultado.

Hay un bebé de un año y medio que ya sabe andar en una pequeña bici sobre la cuesta de Plaza de la República, pero el Turigo ya no es visible. Los jóvenes vendedores de “cupcakes” andan sobre la Plaza, pero del Turigo y su recorrido nadie sabe nada.

Ni en el Caballito de Sebastián, ni Bellas Artes, ni mucho menos la Alameda se puede hallar al vehículo motorizado. El “carrito” (el cual consolida la prioridad que tiene el gobierno de la Ciudad de México respecto al turismo) no es hallado los fines de semana con facilidad, tampoco es conocido por quienes tienen la tarea de guiar al turismo en lugares como el Monumento a la Revolución.

El ninebot de dos ruedas, largo manubrio y superficie plata con azul, es escurridizo, es difícil de encontrar, tanto como el cielo cristalino en la capital del país.






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GEN, EL TREMENDO BATERISTA

Por Carlos Jiménez Mejía
México (Aunam). Mucha gente cree que ser músico y ser rockero es puro desmadre, tomar cerveza, tener muchas chicas, ahogarte en dinero... "están muy equivocados, aunque sí, no puedo negar que todo eso está presente, pero más allá de eso, ser un profesional de la música y formar parte de una banda significa muchísima responsabilidad. Tienes que pararte temprano, ir a la prueba de audio, dar entrevistas, no puedes estar alcoholizado, debes de tocar bien, debes vestirte bien y estar siempre limpio, ser y parecer un músico. Tener una banda es como tener una empresa y siempre tienes que estar al nivel".


Mientras la tarde comenzaba a apagarse, el café seguía siendo la bebida más solicitada por los asistentes, la puerta del pequeño establecimiento ambientado con suave jazz se abrió por enésima vez y a su paso, entró al lugar un hombre joven robusto de gran sonrisa y aparente alegría. Vestido con pantalón de mezclilla y playera negra, combinados con una gruesa chamarra de piel negra y cierres plateados, tomó asiento en una de las mesas ubicadas junto a los vidrios que separaban el interior del café de la calle.

Mientras revisa su celular y da pequeños sorbos al té verde con hielos que pidió, comenta entre risas: “No debería estar tomando esto, mucho menos con hielo, porque ando con gripa y mañana viajo a Hidalgo para tocar con La Tremenda. Pero no importa, lo bueno es que estamos chavos y todavía aguantamos”.

Su nombre es José Luis Ventura Gen, nació en la Ciudad de México, tiene 25 años y es el actual baterista de la histórica banda de ska La Tremenda Korte. Gen, como lo llaman sus amigos, es un músico apasionado, que más allá de los logros en su corta carrera musical y de los tantos conciertos en directo ante miles de personas, no deja de sentir la música en cualquier parte del mundo. Disfruta de golpear la mesa o los tubos del metro con sus dedos, intenta redobles con sus piernas y recuerda los ritmos más tradicionales del ska con su portátil batería imaginaria.

Gen no creció como cualquier niño viendo caricaturas, jugando con decenas de juguetes o comiendo dulces sin límite. Su vida siempre estuvo llena de deporte y música; pero a pesar de que tuvo una estrecha relación con la última tocando el piano para después intentar fallidamente con la guitarra, a los seis años descubrió su pasión por la batería.

“Mi mamá dice que desde muy chico yo agarraba las cazuelas y jugaba a ser baterista, cuenta que le andaba pegando a todo y hasta la fecha lo hago, en mis ensayos o en los viajes, soy muy inquieto y siempre estoy usando cualquier cosa como set de batería”.

Desde pequeño fue a clases de música; pero fue hasta que cumplió 10 años cuando le compraron su primer batería, de esas que traen un par de platillos de aluminio y que no suenan nada bien. Pero no se queja, está convencido de que si no le hubieran dado esa batería, se habría olvidado de su pasión y hubiera tomado la música como un pasatiempo más. Su vida no hubiera cambiado.

Desde que se adentró en la música soñaba con estar en un escenario, pero nunca imaginó llegar a formar una banda o poder estar en una y conocer lo que realmente es estar allá arriba ante miles de personas. En el 2010, con unos amigos, formó The Rebel Vendetta, en la que tocaban surf instrumental. Desde ahí cambió su mentalidad, “cambié mis entrenamientos de futbol por ensayos con la banda o ensayos en solitario, seguí estudiando, pero la música se convirtió en mi principal interés”.

Un hombre con suerte

Antes de ser el baterista trabajó con La Tremenda Korte como jefe de escenario y production manager por casi tres años; hasta aquel día cuando cumplió 22, el primero de diciembre del 2012, y el anterior baterista decidió salirse de la banda.

“Entonces me habló Bodoke, uno de los guitarristas y me dijo ‘Güey, cáele al ensayo a las tres porque Omar no va a poder ensayar. Tráete tus baquetas, tu tarola, tus platos y acá nos vemos’. Al principio me saqué de onda porque yo sólo era parte del staff, no el bataco. Pero como necesitaban un paro para el ensayo y yo me sabía prácticamente todas las rolas, fui”. Esa noche tocaron
algunas horas.

Al final del ensayo, sin preguntar Bodoke le dijo: ‘Oye, Omar ya no va a estar tocando con nosotros, así que prepárate porque la próxima semana tocas en el Pepsi Center con nosotros’.

Aquella noticia le dio mucha alegría porque había trabajado duro para llegar hasta ahí, era el día de su cumpleaños y por fin había ascendido de puesto, fue el mejor regalo. Todavía recuerda que cuando regresó a mi casa no se la creía. “Me considero un hombre con suerte, muchos bateristas y muchos amigos míos o personas que he conocido, me han dicho que quisieran estar en el lugar donde ahora estoy”.

José Luis es a pesar de su corta edad, uno de los músicos mexicanos más importantes en la actualidad, pues forma parte de una de las bandas ícono de la “tercera ola” del género ska. Con La Tremenda Korte ha colaborado y alternado escenario con bandas como Ska-P, The Specials, Skatelites, Los Auténticos Decadentes, Los de Abajo, Underworld, Café Tacvba, Molotov, La Maldita Vecindad y Los Hijos Del Quinto Patio, Inspector, entre otros.

Sin embargo, no todos los momentos de Gen a lo largo de su vida y su carrera han sido fáciles, ya que durante contadas ocasiones ha experimentado sucesos que lo han hecho sentir tristeza o miedo por la música, aunque a pesar de lo difícil, nunca ha sido suficiente para alejarlo de su más grande pasión: tocar.


La música es un riesgo

“El momento más triste de mi carrera fue cuando asesinaron a nuestro percusionista a mediados del 2013. A Yogui lo mataron los Zetas, se escucha muy cabrón, pero prácticamente lo descuartizaron. Por él comencé a trabajar en La Tremenda y haberme enterado por medio de la televisión sobre lo que le pasó a mi amigo fue verdaderamente terrible. Él siempre ocupó y ocupará un puesto enorme que nadie va a llenar, fue una pérdida muy fuerte para mí y para la banda”.

A pesar de lo difícil, ahí no acabó el asunto. Un día después de la noticia, Manuel, el vocalista, dio una conferencia de prensa para honrar la memoria de su amigo y hablar de lo sucedido. Sin embargo, los medios amarillistas publicaron que habían hablado de los Zetas, del Z-40 y del narcotráfico, declarándoles la guerra. Tras esas publicaciones comenzaron a llegar amenazas a la banda en correos, redes sociales y otros medios. Incluso dejaron de ir un tiempo al norte a tocar.

Afirma que vive con el miedo de que un día tomen represalias contra el grupo, por algo que no dijeron. “Mi familia me ha dicho que lo deje pero al igual que todo trabajo la música es un riesgo y estando aquí tienes un compromiso no sólo con la banda, sino con el público que está escuchándote en su casa y esperando por verte tocar”.

El debut

Tras un silencio largo y un par de sorbos al té helado, Gen recuperó la sonrisa que se había esfumado al hablar de su compañero perdido. Su celular sonó un par de veces, después de pensar un par de segundos no contestó y continuó hablando con la sorpresiva alegría inicial.

“El día que más recuerdo fue cuando debuté con La Tremenda Korte en el Pepsi Center de la Ciudad de México, el 18 de Diciembre del 2012 en el festival El Rock Nos Une”. Ahí compartió escenario con Julieta Venegas, La Cuca, Ely Guerra, Los Victorios, Los Bunkers, Panteón Rococó y los que ahora son La Maldita Vecindad, bandas y artistas que desde siempre le han gustado.

Los boletos estaban agotados, había lleno total; le temblaban las piernas y no tenía cabeza para dimensionar el lugar al que estaba a punto de llegar y lo que estaba a punto de experimentar en él. Antes de subir al escenario brincaba, tomaba agua, volvía a brincar, no podía estar quieto, los nervios se lo comían vivo. Su primera presentación y ver a miles de personas aplaudiéndole en un recinto de tal magnitud, no lo cambia por nada. Todavía recuerda cada sensación al estar allá arriba, “algo totalmente increíble”.

“Lo mejor que pudo haber pasado y lo mejor que nos pudo haber pasado como banda es habernos conocido. Tal vez no somos los mejores músicos, pero sin sonar pretencioso o mucho menos, la química que tenemos en el escenario nos hace sonar muy cabrón, tenemos un show impresionante y lo mejor es que lo disfrutamos al máximo y nos llevamos súper bien”.

Una historia diferente

Mientras el tiempo seguía su inalterable curso y el té estaba a punto de terminarse, Gen se acomodó en el asiento. Se notaba un brillo especial en sus ojos cada vez que comenzaba a hablar de música, de baquetas, de distintos tipos de tarolas y de lo increíble que ha sido formar parte de una de las bandas que marcó un antes y después en la escena ska mexicana.

“Soy muy clavado en las grabaciones, si no me sale un redoble lo hago mil veces hasta que sale y queda perfecto. Estar en estudio es una especie de reto, antes de empezar me digo “¿Sabes qué, güey? Tienes que sacarla como está en la maqueta o no nos vamos a ir hasta que salga la rola”, después grabo una y otra vez, aunque me tome días enteros. Justamente eso pasó con La Tremenda hace unos meses cuando grabamos Alerta, el disco más reciente”.

Hubo una rola de la que hizo 30 tomas aproximadamente, porque a pesar de que iba bien no le gustaba del todo; no dejó de grabar hasta que la canción quedó al cien.

Sin embargo, tocar en vivo es distinto: “la adrenalina antes de subir, ponerte nervioso y que estando allá arriba la gente coree tus canciones es indescriptible y aunque disfruto de ambos momentos, me gusta más tocar en vivo porque nunca sabes lo que pueda pasar”.

A diferencia del estudio, en directo hay una sola toma y siempre hay algún contratiempo; suelta la baqueta o se rompe, se cae un platillo... Son problemas que debe resolver en el instante sin dejar de tocar, tiene que ser un profesional. Entonces sí, el estudio es un reto, pero tocar en vivo es una historia diferente.

Mientras los minutos avanzaban en el reloj de pared que adornada las paredes cafés del pequeño negocio, adornado con cuatro pequeñas salas a blanco y negro, dando el último trago al té helado, Gen se recargó en la silla sonriente, con viva emoción en el rostro, pues más allá de su trabajo, estaba hablando de su más grande pasión. Sin embargo, para llegar a lo más alto de la música no se requiere únicamente la pasión.

Para trascender hay que atreverse

La música no es fácil, exige mucho, “cuesta un chingo de trabajo entrar, pero más mantenerse. Después de casi cinco años estando en este camino sé que cuesta demasiado llegar a la cima, pero cuando haces lo que te gusta, lo que te apasiona y además lo haces bien, sea lo que sea lo vas a lograr”.

La escena musical en la Ciudad de México actualmente es muy complicada, los músicos enfrentan problemas desde los niveles amateur, hasta el bar más modesto pide todo el cover cuando dan chance de tocar.

“Como músico te expones a que se aprovechen de ti y es curioso, porque hay ocasiones en las que ni siquiera vas por el varo, sólo vas porque quieres tocar y desde el principio ya te tratan como publicidad. En todos los trabajos te pagan, pero como músico, te arriesgas siempre a que salga alguien que se quiera pasar de listo y no retribuya tu talento”. La pasión no asegura una ganancia.

Eso lo experimentó con sus primeras bandas, tuvo que tocar muchas puertas, “nadie va a llegar a la sala de tu casa para grabarte un disco, hacerte un vídeo y llevarte a los grammys. Hay que perder el miedo para hablar con los que te pueden llevar arriba y sacarte de la cabeza que nunca te van a hacer caso, si tú no crees en ti nadie lo hará”.

Hace unos días, con La Tremenda pasó algo así. Su representante de medios los llevó al VIP de la grabación del Unplugged de Los Babasónicos, obviamente había muchos artistas y famosos. De repente, entre la gente resaltó Paco Familiar, vocalista de DLD, entonces le dijo a Manuel, el vocalista, que fuera a darle un disco. “Al principio dudamos sobre si era buena idea o no, porque el güey se veía medio mamón, pero al acercarnos nos trató muy bien, recibió el disco y hasta nos propuso hacer algo juntos en un futuro”.

Para trascender hay que atreverse a hacer las cosas distintas, saber hacer relaciones y no tener pena, aunque tampoco hay que hostigar a los artistas. Eso a Gen no le cuesta trabajo, si se topa con Paul McCartney le haría la plática, lo importante es acercarse, ir a los shows, contactar a los representantes y tocar en todos los lados que pueda.

Música, un negocio sin esencia

La tarde estaba a punto de terminar y el reloj marcaba las seis en punto, el té helado llevaba varios minutos de haberse terminado y el café comenzaba a vaciarse de a poco. Mientras tanto, Gen transformó su rostro en uno más serio, cambió su postura recargando los codos sobre la mesa y juntando sus manos, habló del monstruo comercial en el que se ha convertido el arte de las musas en México.

“El problema de la música mexicana no es el número de nuevos proyectos, lo que hace falta es que los empresarios, festivales y foros abran sus puertas a éstas propuestas”. No está peleado con ningún género, la música es muy amplia y hay para todos los gustos; sin embargo, en el país los músicos necesitan algo básico: apoyo.

“Quizás lo voy a decir muy mamón, pero últimamente lo culero es lo que vende, el público ha dejado de apoyar, la gente se ha vuelto ignorante y ya no quiere conocer otros géneros, otros movimientos, otras propuestas. Por ejemplo, vas a un evento de reggaetón y está hasta la madre, aunque los que estén allá arriba no tengan idea de lo que es la música y por otro lado, vas al Foro Alicia a un festival de bandas independientes y encuentras a lo mucho 100 personas”.

Es por eso que Rock nos Une, Vive Latino, incluso Coachella, tienen siempre las mismas bandas, los mismos carteles y cuando llegan bandas nuevas, son producto comercial, son más imagen que talento y pasión por la música.

Otro problema es que están muy peleados los lugares, y quienes se aprovechan de esto son los empresarios: “si no eres amigo del organizador, no tocas; si no vendes mil boletos. no tocas. Una vez me conocí a un organizador de un festival que pedía vender tres mil boletos de cien pesos para dejarte tocar… y de abridor. Si los empresarios y productores no creen en tu talento, nadie lo hará, es aquí donde nosotros como músicos y público tenemos que apoyarnos, unirnos y creer en nuestros proyectos, así se armarían cosas grandes”.

Ya no son los 90, ya no hay bandas que exijan camerinos o muchas condiciones para tocar, ya nadie cobra lo que quiere, hay que trabajar para llegar ahí. La música, se lamenta el baterista, ya se volvió un negocio que ha perdido su esencia, “ves conciertos de una sola banda donde te cobran 500 pesos en lugares terribles o donde se pasan de lanza con boletos de tres mil pesos”.

Por otro lado, la música también se ha vuelto mucha imagen, “hay productoras que nomás´ por tener tu pancita o no tener sus lineamientos físicos, no te graban un video o no te graban una rola, porque ‘buscan artistas que representen a la empresa o que puedan salir bien en cuadro’. Esto lo vemos con las boybands, donde más allá de querer sacar un grupo con talento, los empujan porque son la moda y venden. Yo no puedo llamarle músico a güeyes súper producidos que hacen playback, que no escriben sus canciones y que además siempre suenan a lo mismo”.

La decadencia del género contestatario

Cuando llegó la noche, el lugar estaba vacío y cada vez más frío. Sobre la mesa permanecía el vaso sin té y con hielos a punto de derretirse; el teléfono celular de Gen y sus dedos utilizando dichas cosas como percusiones. Era el momento más tranquilo de la conversación y el jazz de fondo permanecía a un volumen perfecto. Entonces, abrochando el grueso cierre plateado de su chaqueta, José Luis continuó hablando como si estuviera en la sala de su casa.

“El género está decayendo demasiado, pero no en la calidad de las bandas, sino en público y en tocadas, ya casi no hay lugares que dejen tocar ska. Antes cada disquera tenía su banda de ska, porque era el género chido, los skazeros eran como los hípsters de los 90. Sin embargo, este mal momento también es gracias a los sectores del público que sólo van a pelear, a drogarse en el show y a hacer desmadre; por esto los empresarios ya no quieren hacer tocadas de ska”.

El Ska es un género musical originado a finales de los 50 y popularizado durante la primera mitad de los 60, derivado principalmente de la fusión de la música afroamericana de la época con ritmos populares jamaiquinos, siendo el precursor directo del rocksteady y más tarde del reggae.

Al ser un género particularmente apto para fusiones ha sido incorporado, a través de distintas variantes, a los más diversos lenguajes musicales. Se interpreta con batería, bajo, guitarra, metales/instrumentos de viento (trompeta, trombón, saxofón) y teclado.

En América y en México, tuvo su auge durante la llamada Tercera Ola o Boom de los 90, época en la que destacan Los Fabulosos Cadillacs, The Refrescos, Los Intocables, Os Paralamas do Sucesso, Panteón Rococó, Ska-P, La Tremenda Korte, Salón Victoria, Los Auténticos Decadentes, La Mosca Tse Tse, Skalariak, Dr. Calypso, La Gran Orquesta Republicana, La Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio y Desorden Público.

“Estoy seguro que esto no es culpa de las bandas, sino principalmente de los empresarios, ya no ves las tocadas de Ciudad Universitaria o del Faro de Oriente, ahora ves artistas que ni siquiera son mexicanos en el Zócalo, pero no por su talento, sino porque cobran mucho menos de las ganancias que crean y eso, para los de arriba, al final es lo más importante”.

Después de 20 años cree que el ska se ha vuelto medio fresón, ya no tiene la misma carga contestataria y de protesta en las rolas, pero tampoco cree que sea culpa de las bandas. Está convencido de que los vetos y el gobierno tienen la culpa, “si hablas de ellos, digas lo que digas no pasan tu rola, o la censuran o simplemente no te pelan a menos que sueltes un buen varo. Así nos pasó con el último disco “Alerta”, y con rolas como “La Milpa de la Desolación” o “No Moriré”, que hablan completamente del mal gobierno y del día a día de las personas. Yo creo que por eso las bandas buscamos hacer canciones distintas, para no quedarnos estancados.

Finalmente, dice, cada quien tiene su criterio: “si al público le gusta, chido, si no, pues no podemos hacer nada ante un gobierno estúpido que te dice qué puedes sacar y qué no, qué puedes hacer y qué no. Pero no por eso dejaremos de luchar o de hacer música”.

La censura

“Las rolas de protesta nos han traído problemas como banda, nos han censurado. No han querido pasar nuestras canciones, no han querido pasar el vídeo de ‘La Milpa de la Desolación’, por ser muy explícito, porque muestra y explica la cruda realidad de la sociedad mexicana”; el video muestra desde las personas de comunidades rurales hasta las que trabajan en oficinas y cómo el gobierno abandona a la ciudadanía por conseguir sus intereses particulares. “Incluso nos han cortado a media rola en televisión, sin embargo nos vamos y cuando nos vuelven a invitar tocamos la misma rola”.

Le gusta incomodar. Aunque piensa que buscan como frenarlos; le siguen y en el fondo no les afecta, es más, le da gusto. “Que les cale y que digan ‘estos cabrones vienen con todo’. Además, Manuel, quien escribe las letras, es muy fiel a lo que canta, le gusta reflejar lo que se vive día a día aquí en México. Apoyamos la lucha contra la represión, la corrupción y toda la mierda que hay en el Gobierno, así como podemos hacer una rola de Ayotzinapa que nos acaben censurando, podemos ir a las marchas y de repente encontrar a grupos en las manifestaciones que vienen coreando ‘Ni un paso atrás’ o algunas partes de nuestras rolas y eso se siente muy chingón”.

Asegura que son muy curiosas las contradicciones en los mandos altos. Por un lado, los vetaron de Televisa por sus rolas, a pesar de que no dicen nombres ni nada, pues “les queda el saco” y por otro, Molotov sale en el canal cinco, cuando ellos sí le tiran a Televisa, al Gobierno, al fútbol y hasta a Jacobo Zabludovsky en su momento. “Es totalmente ilógico, pero estamos bien así, no pagaríamos para que nos quiten el veto, aunque nos estuviéramos muriendo de hambre. Nosotros seguiremos siempre en la lucha”.

Lo mejor de ser músico

El discurso de la banda ha sido el mismo desde el principio; porque piensan en la gente que los escucha, que los va a ver, que compra una playera para llevar día a día. Desde adolescente ha seguido la línea de estar con el público, de conversar con ellos y mantenerse cerca, finalmente, “todos somos iguales. Me gusta conocer a la gente, disfruto mucho platicar con todo tipo de personas, ya sea un abogado, un barrendero, otro músico o un lavacoches”.

Desde niño su familia lo enseñó a ser una persona humilde, “no me gusta ser mamón o pretencioso y creo que ahí está una de las mejores cosas que me han pasado gracias a la música, el hecho de ir a comer y que te reconozcan, te pidan una foto y te admiren, es demasiado agradable y no es razón para sentirte más”.

Aunque sí, con el tiempo, siente que la Tremenda ha cambiado, ha tenido evolución musical, la vibra de hace unos años de que todos estaban peleados quedó atrás y con el cambio de integrantes, el desempeño de la banda en vivo y la calidad musical, creció bastante los últimos tres años. Así que al momento en que se suben a tocar y prenden la iluminación, están listos como músicos, banda y sobre todo familia.

Como en el relato de Gen, las luces del lugar aumentaron su fuerza, la noche estaba llegando y era el momento de que El Tremendo Baterista de La Tremenda Korte partiera. Se levantó de su asiento y antes de salir por la puerta cristalina por la que entró, finalmente sentenció con una gran sonrisa en el rostro:

“Recuerdo al niño que solía ser, no he olvidado mis sueños, no he olvidado a mis amigos y afortunadamente conservo a ambos, además de mi hermosa familia. Si viera a los ojos al pequeño José Luis, le diría que siguiera adelante, tal vez que debería dormir un poco más, porque ahora necesito descansar”.

Lo abrazaría muy fuerte, no porque lo extrañe, ese niño sigue vivo dentro de él. “Hasta el día de hoy todo lo he hecho bien, no me han tocado las cosas fáciles y siempre he comenzado desde abajo. Estoy llegando a lugares nuevos, me ha costado mucho, nunca he tirado la toalla y siempre he sido constante, estoy orgulloso de mí y no cambiaría nada de mi vida, porque gracias a eso estoy en el tremendo lugar en el que ahora estoy”.







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TOQUE Y ROLA EN EL CHOPO

Por José Alberto Colín Sandoval
Fotos: Rogelio Casarreal
México (Aunam). En el Tianguis Cultural del Chopo conviven todos y se encuentra de todo. Jóvenes con patinetas; seguidores del rock & roll con los estampados de las bandas en sus playeras; simpatizantes del reggae peinados con dreadlocks. Hay conciertos al aire libre. Los vendedores hacen peinados, tatuajes y perforaciones; venden ropa, discos, comida. Los asistentes pueden consumir música, bebidas alcohólicas y droga.

Miguel de Cervantes Saavedra, escritor español, mencionaba que “la música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos del espíritu”. Por esta razón, se creó en 1980 el Primer Tianguis de la Música dentro del Museo Universitario del Chopo, por iniciativa de Ángeles Mastretta, ex directora de dicha institución. De esta manera, inicia la historia del espacio que ha reunido por 35 años a los amantes de los sonidos y a los pertenecientes a las tribus urbanas.


En sus primeros siete años mudó de lugar: del interior al exterior del Museo Universitario del Chopo, estacionamientos en el Casco de Santo Tomás, la Facultad de Arquitectura en Ciudad Universitaria y en la colonia Santa María la Ribera. Así, desde 1988 cambia la dinámica sabatina en la calle Aldama, entre las calles Sol y Luna, en la colonia Buenavista. De 10 de la mañana a 6 de la tarde no circulan automóviles, sino peatones.

Los visitantes al Chopo arriban desde la estación del Metrobús y del Metro Buenavista o de las paradas de camión en la avenida Moqueta. Ellos superan tres cuadras y encuentran a pocos metros un espacio que contrasta con la formalidad de las plazas comerciales aledañas y de la Biblioteca Vasconcelos.

Entre Sol y Luna.

Un hombre en medio de la calle da la bienvenida a los visitantes con un anuncio sutil al oído, “¿Quieres mota?”, para quien quiera un “toque”. Lo proclama debajo de una lona blanca con letras rojas que informa la prohibición del consumo y venta de droga en el tianguis. El muchacho utiliza una gorra para cubrirse de los rayos del sol y de una posible identificación; también tenis deportivos por si se necesita huir, aunque a su alrededor no hay ninguna autoridad que lo sancione.

Adelante del sujeto, un paraguas grande de color rojo es el protector de las hieleras que contienen los envases de las bebidas representativas del Chopo, los jugos sin conservadores. El vendedor, un señor con vasos de plásticos en mano ofrece su producto, no sólo para ofertarlo, sino que también para darlos a conocer a la gente; por ello, el comerciante intercepta a los que se acercan a su sombrilla.

Aquello es un buffet líquido. El despachador actúa como un barman profesional, vierte el jugo en los recipientes; espera que su público lo beba; cambia de botella y repite el proceso. En escasos segundos “rola” todos los sabores: arándano, mora azul, coco y de té de mariguana. Este último, de droga sólo tiene el nombre, ya que es de manzana, pero hace dudar a quien lo ingiere.

Del lado izquierdo, frente al vendedor de jugos, una mujer posa encima de una plataforma negra. Ella está desnuda, su pelo teñido de rojo contrasta con su tez morena. Se encuentra apoyada sobre sus rodillas, las piernas se mantiene dobladas y sus nalgas caen en sus pies. Tiene los brazos extendidos. Sus pezones marrones son el centro de atención. Cinco señores le toman una fotografía con sus celulares. Cambian el zoom de los aparatos por sus ojos para apreciar a la joven que antecede a la zona comercial.

Los puestos están ordenados en un inicio sobre las banquetas; en el centro pasean los caminantes para hacer su recorrido. De los primeros locales en la izquierda aparece una mini estética, un punto en el tianguis donde se realizan dreadlocks. Tiene una bandera con 3 franjas verticales, roja, amarilla y verde como fondo. Una mujer adulta es la encargada de tejer el cabello de los clientes para formar el peinado distintivo de los rastafaris, como el que ella porta.

En la derecha, frente a la mini estética hay un local de tatuajes y perforaciones. En el frente se exhibe el catálogo de opciones para trazar en el cuerpo o piezas metálicas que atraviesan la piel. Atrás está el lugar donde las personas se sientan en una silla negra para que los artistas plasmen la tinta en ellas y quede impregnado por siempre. Además, las agujas están preparadas para atravesar la piel de quien deseé decorar su cuerpo.

A la mitad del tianguis se ubica un puesto de periódicos de La Jornada. Ahí, cuatro jóvenes rodean el negocio. Ellos reparten volantes para publicitar los próximos conciertos. Se quedan estáticos en su posición. Una mano almacena los anuncios y la otra los reparte a las personas que aceptan la información. De esta manera, se conoce a qué lugar se puede ir a dar “el rol” para ver en vivo a grupos musicales experimentados o nuevos.

A partir de ese sitio, los locales ocupan la calle. Sobre el camino no circulan automóviles, sin embargo, se estructuran dos carriles para agilizar la circulación peatonal; se avanza por la derecha. En esa trayectoria abundan la venta de chamarras de cuero y la música de AC/DC, Guns N’ Roses y Metallica. El punto culminante es la calle Luna, donde se instala el escenario para los conciertos.

El espectáculo final


Gallo Rojo toca sus canciones. El grupo de ska reúne a decenas de personas que se acercaron a disfrutar de la música producida por un par de guitarras, un bajo, una batería y un micrófono. Los que bailan están de pie, de frente a los músicos y forman una rueda para armar el slam. Mujeres y hombres se mueven frenéticamente en la delimitación entre sus cuerpos. Brincan, chocan, sueltan codazos, puñetazos, patadas.

Los que prefieren darse un “toque” se desplazan al costado derecho del círculo danzante. Aparecen los papeles enrollados que guardan el cannabis. Los prenden con un encendedor y cada uno lo pone en su boca para fumarlo. Lo “rolan” al que esté más próximo. Ahora, en ese espacio predomina el olor a pastizal quemado y se propaga con el aire por la pista. diez adolescentes esperan su nuevo turno para volver a sentir el aroma de la mariguana en sus pulmones.

También hay espectadores recargados en la reja del conjunto habitacional a la izquierda del escenario. Se ocultan del sol bajo las ramas de un árbol. 5 de ellos observan el concierto sentados en la banqueta. De una mochila, uno saca un envase de vidrio y lo sirve en un vaso para cada acompañante. No es agua simple ni jugo; el olor a cebada delata el origen de la bebida.

Enfrente de ellos quedan inservibles las dos lonas de “Queda prohibida la venta y consumo de bebidas alcohólicas y droga dentro del tianguis”; es delito hacerlo en vía pública. A lo lejos, media docena de elementos de la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México los vigilan, pero no validan el mensaje de las pancartas. Se ven superados en número. Dan media vuelta y recorren los pasillos principales del Chopo que, sin importar sus sedes históricas, han permitido por 35 años dar el “toque y rola”.



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lunes, 25 de abril de 2016

LAYDA SANSORES: LA VOZ CRÍTICA DEL SENADO

“Un verdadero espíritu de rebeldía
es aquel que busca la felicidad en esta vida”:
Cardenal de Retz
Por Bernardo Uribe Valdés
México (Aunam). Desde su pequeña trinchera, el Senado de la República, Layda Sansores dirige una lucha revolucionaria sin ningún resentimiento.

Los debates inundan el inconsciente de los espectadores y los micrófonos están abiertos. Es la época de las reformas estructurales y todos tienen cosas que decir. Layda está decidida a denunciar las injusticias. Es su turno de tomar la palabra.

Sube a la tribuna con un chal rojo que combina con su pelo y un vestido negro que va con aquello que pretende defender: el petróleo. Sabe que no será bienvenida, pero ignora que su energía pasará a la historia. Para bien o para mal, sus palabras trascienden.


“En esta fiebre privatizadora, nada va a quedar sin entregar. Y eso me recuerda a Saramago: ustedes que quieren privatizar y están con este ánimo de los tiempos nuevos, pues vayan y privaticen los sueños, privaticen la ley, privaticen la justicia, pero si quieren realmente una privatización a fondo, vayan y privaticen a la puta madre que los parió, porque al menos ésa es suya. Esta patria no les pertenece. No se la merecen”.

Su euforia y pasión enchinan la piel de cualquier soñador que imagina un mundo de justicia, donde discursos como el de ella sean únicos dentro de la política. Incluso sus detractores tendrán que reconocer el poder y la precisión de sus palabras. Es una mujer contemporánea: fuerte y aguerrida.

Layda Elena Sansores San Román nació en la ciudad de Campeche el 7 de agosto de 1945. Hija de Elsa María San Román Cambranis y Carlos Sansores Pérez, creció en el seno de una familia influyente; su madre, una mujer de sociedad, y su padre, un político priísta de alta alcurnia. Desde pequeña se codeó con la elite más alta del país, pero eso no detuvo a la bondad ni a la razón de crecer en ella.

Layda siempre está al servicio de su comunidad, y la primera escena de nuestro encuentro la ilustra perfectamente. Cuando llegué a su oficina en el tercer piso, ella se encontraba almorzando con su equipo de trabajo, pero al mismo tiempo estaba atendiendo a un anciano trabajador de mantenimiento. Su conversación era acusatoria y su voz frágil.

Él sólo se quería quejar por una de las tantas injusticias que se cometen contra los más indefensos. Ella le ofreció su empatía, un sándwich y una Coca. Los trabajadores se sienten seguros en su presencia, se sienten escuchados, ¿A dónde puede acudir uno con deseos de esa naturaleza en un lugar como ése? Con Layda Sansores.

El edificio del Senado de la República abarca toda una calle, una pequeña isla dentro del inmenso mar de la ciudad. Está ubicado en el corazón del Paseo de la Reforma, un edificio gris forrado de cristales, protegido por un grupo de oficinistas uniformados con trajes negros.

Todas las oficinas son iguales, amplias y con paredes de cristal, como una especie de casas de interés social para políticos; sin embargo, la suya tiene un atractivo especial. Lo primero que se observa al entrar son los carteles de protesta y fotos de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos. Las paredes están empapeladas con fotografías de su familia y los adornos que decoran las mesas son extravagantes y coloridos.

Me dirigí a un sillón que estaba al fondo, lo ocupé, esperé unos cuantos minutos y, en cuanto llegó, se sentó junto a mí. Es intimidante, probablemente por todas las historias que la involucran, pero al mismo tiempo es muy cálida y sencilla. La miré a los ojos y comencé la entrevista.

Enseñanzas de familia

--¿Cómo fue su infancia en Campeche?

--Muy feliz. Era una ciudad muy pequeña, donde desde los cinco años te podías ir caminando a la escuela sola y te sentías libre.

“En cuanto a mi padre, de él tengo lecciones que marcaron mi vida, como la de tener siempre la casa abierta, nunca se cerraba. Recuerdo que mi padre citaba a los campesinos a las siete de la mañana pero llegaban desde las cuatro y como yo era muy madrugadora, me iba a platicar con ellos. Sentí desde entonces esa calidez del hombre del campo. Me sentía muy querida. Era un disfrute para mí levantarme temprano y hacerles plática. Es una infancia de recuerdos siempre amorosos”.

--¿A qué se dedicaba su madre?

--A la casa, como se acostumbrada, éramos cinco hermanos, y como mi padre estaba en la política, ella se encargaba de nosotros. Mi madre era maestra, siempre muy humana, ella nos dejó esta parte de nuestra personalidad, cálida, amorosa, el recuerdo de mamá está ligado a los momentos de mayor dulzura de mi vida.

Conforme Layda describe a su madre puedo distinguir cierto brillo en sus ojos. Se nota que ella es la responsable de su humanidad; es verdad que fue su padre quien la orilló a la política, pero es su madre, el ejemplo que ella persigue.

--¿Cómo fue crecer con la influencia de El Negro (Sansores) como padre?

--A él lo veíamos poco, pero mamá era la traductora de todo su cariño. Mi papá viajaba mucho. Era delegado del PRI en ese entonces, el delegado estrella, con una intuición política muy desarrollada, pero siempre que llegaba de viaje nos traía un recuerdito que lo ponía como si fuera Santa Claus, entonces era un aviso muy gratificante que había llegado papá a casa. Él no se metía en la educación. Mi madre se encargaba de todo eso, pero era muy cariñoso. A mí me llamaba “Muñeca” y me sentía mimada.

“Lo acompañábamos en sus recorridos por los pueblos. Eso me sensibilizó, él era muy amoroso con la gente humilde. Me dejó frases para toda la vida, como ´nunca te canses de ayudar, porque dar es un privilegio en la vida´. Son frases que me quedan muy grabadas, incluso en los momentos de más presión, es ahí cuando uso sus enseñanzas para darme ánimos”.

Su padre fue Carlos El Negro Sansores, gobernador de Campeche y presidente nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Como buen amigo del presidente Luis Echeverría, la familia Sansores vivió de cerca las comodidades del sistema. El PRI era como una religión.

Escuela para guerrilleros

--¿Cómo era el ambiente de su niñez, siendo su familia cercana al presidente?

--En la niñez, mi padre siempre había sido o diputado o senador. Él fue siete veces diputado, uno de los legisladores rompe-récord. Para mí era normal, era parte de nuestra vida.

“Pero así crecimos. Nunca lo vi como una diferencia. En la casa no se hablaba de clases sociales: entraban los campesinos y comían con nosotros. Esa fue una enseñanza muy bonita, el respeto a la equidad, escuchar con atención. Otras de sus frases eran ´no es político el que no escucha el corazón de su pueblo´, ´Layda, no hables, primero escucha´. Aprendí de él todo, este lenguaje que se lee entre líneas en la política y los códigos que no son fáciles de descifrar, papá nos los enseñó desde niños”.

Cuando Layda cumplió 11 años de edad y entró a la secundaria, su padre les dio la oportunidad de escoger escuelas, sus hermanos se fueron con las monjas pero ella decidió entrar a la escuela para guerrilleros, como ella denomina a la normal rural de maestros, donde la formación que obtuvo cambió su visión del país.

“En la escuela convivía con muchachos muy modestos, incluso con familiares de guerrilleros que ahora reconozco, recuerdo cómo iban a buscarme (yo) con chofer y me veían con envidia, pero lo que no sabían era que yo sentía una gran frustración. Todo es relativo, mis compañeros me veían como la hija de un diputado y yo decía: ´pobre de mi papá que es diputado´”.

El papá de Layda no quería ser diputado, sino gobernador. Cada seis años que no le daban la gubernatura, que merecía por la cantidad de trabajo y gente que tenia atrás, le daban la diputación, para ella y su familia era un premio de consolación muy triste.

--¿Él fue quien la orilló a la política?

--El ejemplo jala, es avasallador, pero en el momento en que se convierte en gobernador de Campeche mi madre tiene que involucrarse en su trabajo, deja la cocina y se va a hacer labor social. Ella crea el primer Centro de Rehabilitación y Educación Especial e Integral en América Latina. Yo siempre estaba a su lado, a mí me gustaba la labor social, no la política, pero admiraba mucho a mi padre.

Su padre fungió como un pilar muy importante a través de su vida; no sólo fue la figura paterna autoritaria y amorosa, sino también un gran amigo y sobre todo un excelente asesor y confidente. Al mencionarlo, Layda se toma su tiempo para contestar, como si estuviera recordado todos los momentos que pasó con él. Ella es el reflejo de todas sus enseñanzas.

“Una vez en una revista leí que mi padre comentaba que la política en la casa era yo, entonces dije que si mi padre lo dice, es por algo, porque él era un hombre muy imponente, pocas veces te daba un elogio, sólo recuerdo otro aparte de eso y fue después de mis discursos subversivos como priísta, eso me cambió, y dije: ´ésta es mi vocación´”.

Mi propia identidad

Layda es una mujer fuerte, alrededor de 1.60 metros de altura, pelo extremadamente rojizo, ojos pequeños y labios grandes, es el tipo de mujeres que no se andan con tonterías, su mejor defensa son las palabras y su mejor arma es la verdad. Su rostro ha visto los años pasar, pero no en vano, cada silueta en ella representa su pasado.

El color negro es absoluto en su vestir, un vestido, zapatos de tacones, un saco y una bufanda son las prendas que conforman su elegante figura. Varios anillos y collares la complementan.

Su entrada a la política fue resultado de la búsqueda de su independencia. Empezó por seguir sus deseos de trabajar, ya que su esposo de ese entonces, no la dejaba. Éste le daba todas las comodidades, no le faltaba nada, pero no toleraba que laborara. Entonces tomó la decisión de divorciarse, renunció a una felicidad y un mundo de tranquilidad por estar con el pueblo y ayudar a la comunidad.

“Mi mamá me decía ´¿por qué te divorcias; si eres su muñeca?´. Precisamente por eso, porque quiero tener mi propia identidad y todos esos años crecí bajo su sombra. Empecé en un trabajo muy humilde, después de un año escalé y me superé. Creo que porque ya lo traía en la sangre.”

Cuando por fin llega el momento de entrar en el negocio de la retórica manipulante, la elección de partido fue bastante clara: “Ni lo pensaba, era una religión, sólo practicaba lo que había heredado. Ya se oía hablar del PAN, pero no había de otra, el PRI era el único partido en el país que valía la pena.”

Inicio de la rebelión

El 10 de diciembre de 1996 renunció al PRI, después de 30 años de militancia, a raíz de que éste postulara a José Antonio González Curi, y no a ella, a las elecciones de gobernador de 1997.

“La salida del PRI fue una decisión muy difícil, pero yo no dejé al PRI. Ellos nos habían dejado a nosotros, habían cambiado sus principios. Cuando yo decido votar en contra del IVA (impuesto al valor agregado), motivada por mis hijos, sabía que era el fin de mi carrera.”

Fue la primera vez que un priísta se atrevía a contradecir al Presidente de la República públicamente. Nunca nadie lo había hecho, incluso ahora. Después de tomar la decisión y dirigirse a la sesión, ya sabía que era su muerte política, ese día amaneció envuelta en sudor. Iba a morir.

“No sabía qué acababa de hacer. No sólo era renunciar a mi historia sino también a la de mi padre. Entonces apareció Andrés Manuel López Obrador, me dijeron: ´¿por qué no eres candidata para Campeche por el PRD?´. Esa lucha la ganamos. No me queda ni la menor duda.”

Entonces se unió al Partido de la Revolución Democrática (PRD) que la postuló a la gubernatura como candidata externa para los comicios de 1997. Layda Sansores quedó en segundo lugar superada por el candidato del PRI en 6.8 por ciento de votos

Después de una dura campaña política, basada en el simple apoyo popular, se les fue arrebatado el triunfo por un claro fraude electoral. Fue el primero de su tipo en la historia del país, y el mejor documentado, la existencia del museo del fraude lo comprobó. En él se encontraban documentos, grabaciones, videos y fotografías que prueban las irregularidades del proceso electoral.

Acompañada por varios seguidores emprendió acciones de resistencia civil pacífica a lo largo de todo el estado y durante ocho meses montó un campamento en la Plaza de República de la capital campechana. A pesar del esfuerzo, el triunfo fue declarado oficial para el PRI.

“El fraude fue muy evidente, pero moví los cimientos de la ciudadanía, hubo un gran despertar. Sin convocatoria ni volantes, las personas salían a las calles a la protesta; no ha habido antecedentes de esas luchas masivas en la historia de Campeche, esa fue una gran satisfacción, ver despertar a mi pueblo”.

La senadora describe los días de lucha con una gran sonrisa en la boca; sin embargo, un destello de tristeza se escapa de sus negros ojos. Los recuerdos de esos días, aunque llenos de pasión, culminaron en la pérdida de la soberanía. La tristeza y el dolor se reflejan en su rostro.

“Creo que nunca me quedo con el dolor” --en cuanto pronuncia la frase una risa suave sale de su boca-- “tengo una vocación de ser feliz, siempre me quedo con lo bueno y yo diría que ese fraude fue lo mejor que me ha pasado en la vida, me hizo crecer.

“Organizamos una resistencia civil de ocho meses a la intemperie, pasamos por muchas aventuras que nunca me imaginé vivir. La experiencia de la resistencia civil es sumamente intensa, se formó una ciudad hermanada”.

El día más triste fue cuando concluyó el plantón, cuenta ella, su cara se estremece y las amistades perdidas se hacen presentes. Fueron días de júbilo que terminaron en indignación.

“Las represiones fueron muy duras, pero nadie ni nada nos detuvo. A mi hijo lo golpearon brutalmente, desaparecieron simpatizantes y murieron varios compañeros, pero un momento de triunfo me permitió levantar el ánimo, el descubrimiento del centro de espionaje”.

En uno de los tantos días de lucha llegó a manos de Layda un papel que decía: “hay un centro de espionaje a un par de cuadras”, ella fue escéptica, se convenció a sí misma que era una táctica del enemigo. Sin embargo, su equipo empezó a investigar. A partir de ese momento se sintió observada. Vivía con miedo y sospechando de todo.

Su equipo de trabajo siguió la investigación hasta que lo descubrió. Una casa ubicada en el centro de la ciudad mostraba anomalías en cuanto a sus horarios de servicio y el personal que la frecuentaba. El 3 de marzo de 1998, Layda, sin ningún miedo, irrumpió en dicha vivienda. Su gente la acompañaba y juntos sacaron todas las evidencias.

La operación de espionaje estaba dirigida por el entonces director del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), Valente Quintana.

“Fue uno de los mayores descubrimientos de ese tipo en el mundo; encontramos las máquinas funcionando, los espías, los cheques pagados, las maletas llenas de dinero. Ese día ni siquiera comimos, estábamos ocupados viendo quién nos recibía a los espías, nadie nos hacía caso, la Procuraduría cerró con candado sus oficinas”.

La evidencia incluía grabaciones de conversaciones entre Layda y sus simpatizantes, fotografías de su rutina diaria y una bitácora exacta de sus estrategias. La vida del movimiento se plasmó en las cintas y la privacidad e intimidad del pueblo campechano se arrebató.

“Es indígnate sentir que no hay privacidad, de repente encuentras videos de hace años, no podía dormir, eran miles y miles de hojas con conversaciones. Muchas familias terminaron divididas por la cantidad de secretos que se descubrieron. Las intimidades de las personas, sus vidas amorosas, todo se supo”.

Lucha poética que triunfó

Después de la derrota electoral, Layda continuó su vida política. Posteriormente se separó del PRD, principalmente por las diferencias de ideales, en 2003 volvió a pelear la gubernatura postulada por el partido Movimiento Ciudadano (ahora Convergencia), pero quedó en tercer lugar, y en 2015 contendió de nuevo por el cargo con el partido Morena, fundado por López Obrador.

“Intentamos una vez más, y posiblemente si hubieran respetado el voto habría ganado, pero Campeche es más difícil. Si en la ciudad no hay democracia allá es un hoyo, es muy fácil robar sin tener señalamientos, no hay quien haga contrapeso, el gobierno se basa en la burocracia, sin embargo, hoy podemos ver a jóvenes que se inscriben en las luchas sociales, son el alba, el mañana”.

“Layda, tú no vas a ser gobernadora, pero pasarás a la historia”, le dijo una vez su padre. Esta profecía determinista se ha visto realizada, al menos hasta ahora. Quizás nunca consiga ese anhelo de poseer el cargo que alguna vez tuvo su padre, pero definitivamente su nombre jamás pasará por alto.

Layda asegura haber disfrutado al máximo todas las etapas de su vida, pero cuando sus ideales son cuestionados, ella no duda en seguir adelante.

“Mis años en el PRI fueron bien vividos, pero en el PRD sentí más libertades, y fue una experiencia muy enriquecedora, ahora creo que vivir en Morena es muy esperanzador, porque es un proyecto muy idealista, donde el líder, López Obrador, no le importa el dinero. Es un hombre extraordinario, cuyos principios inquebrantables y convicción te seducen. En la vieja escuela se acostumbraba comprar votos, tanto en el PRI como el PAN, eso me queda muy claro, pero nuestra filosofía es la de no comprar ni medio voto porque nos regimos por principios”.

Conforme la plática avanza puedo ver la alegría dentro de Layda, sus ojos nunca se apagan, aunque constantemente está acomodándose el cabello, su atención no se desvía, sus ojos negros siguen a los míos y su voz delgada fluye.

Ella estuvo presente en el PRD en los años cuando ese partido representaba una verdadera alternativa, le dio la mano a Cuauhtémoc Cárdenas y su voto a Andrés Manuel. Sin embargo Morena se ha convertido en su nuevo hogar.

“Yo creo que Morena llegará a la Presidencia porque está formado por gente con mucha convicción. No es casualidad que en estas elecciones (de junio de 2015) se haya conseguido un ocho por ciento (nacional), no saben lo que es eso, con Movimiento Ciudadano estábamos sufriendo por alcanzar el mínimo (de 3 por ciento) para (mantener) el registro, peleando por décimas, y aquí tranquilamente conseguimos el ocho por ciento en la primera votación. Andrés Manuel nos decía: ´Les voy a dar unos tenis y un sueño, váyanse a la lucha´, y así nos fuimos. La campaña fue de abrir corazones y despertar conciencias. Fue una lucha poética que triunfó”.

--¿Cuál cree que será el mayor daño que traerán las reformas estructurales del presidente Peña Nieto al país?

--Es brutal, es destruir este país y construir otro donde puedan vivir bien los extranjeros, es quitarle el país a los mexicanos. No tenemos nada que hacer con este sistema neoliberal, ya lo probamos y no funcionó. El endeudamiento que tenemos con Peña Nieto es histórico.

La verdad siempre es subversiva

Horas antes del día de la entrevista con Layda, Presidencia había anunciado que el ganador de la medalla al mérito civil Belisario Domínguez era el empresario Alberto Bailléres. Esto indignó a muchos miembros del Senado, entre ellos a Sansores. Inmediatamente redactó una carta y se la entregó directamente al Presidente (de la República) junto con el libro sobre la investigación de la Casa Blanca: “Con esa casa usted dejó un legado de corrupción y de impunidad, y ojalá que le sirva de reflexión”, le dijo en su cara.

“Nosotros manifestamos desacuerdo porque creo que es un Senado devaluado, y ahora es una medalla devaluada. No es nada en contra del señor Bailléres, él tiene sus méritos como empresario, pero esta medalla fue hecha con otros objetivos, para los hombres de mayores virtudes que han servido a México y a la humanidad a cambio de nada. Con esto nos deja ver Peña Nieto que su visión del país es un México neoliberal donde importan más los que tienen dinero”.

Layda Sansores es un nombre que tiene eco en las paredes de aquel edificio gris, sus intervenciones son siempre causa de polémica. Es fuertemente criticada por su vocabulario, que desvía la atención de sus discursos. Pero ella sabe que dentro del Senado todo es sutil.

Los otros senadores tienen muy claro que los beneficios, los aumentos, los viajes y las oportunidades de ser gobernador están en la meritocracia basada en la sumisión, en la docilidad, en vivir de rodillas. Ella se rebela ante esto.

“En el senado existe una mansedumbre atávica, ha sido siempre así, lo traemos en los genes, los grandes luchadores sociales se convierten en sapos cuando entran en este Congreso, hay como un hechizo. En las sesiones puedes ver cómo se están sobornando a los senadores incluso momentos antes de votar”.

La figura de esta peculiar senadora es muy conocida por los ciudadanos, basta con teclear su nombre en un buscador de Internet para saber la cantidad de seguidores y contrarios que posee. Ella misma dice nunca haber imaginado las diferentes reacciones que tiene la gente al verla. “Las buenas vibras del pueblo se han convertido en un velo protector”, dice.

Cuando se sube a la tribuna todos están atentos a escuchar un nuevo discurso combativo, siempre trata de estar informada pero hay veces que por el tiempo tiene que improvisar, a pesar de eso siempre está muy decidida a decir la verdad de la manera más clara y directa, sin importar las facturas que haya que pagar. Eso le da una gran autoridad moral, si bien no todos la quieren, sí la respetan.

--¿Alguna vez la han callado?

--Si, alguna que otra vez, pero yo siempre exijo mis derechos. Siempre que me critican les digo que vengan a la tribuna, que den la cara, porque yo siempre que vengo aquí, me pongo en riesgo, ellos se esconden en el anonimato. Eso ya no pasa tanto como antes, ahora simplemente me ignoran. Aunque sí molesta mucho a los compañeros priístas porque la verdad siempre es subversiva.

Layda aspira a ser una buena senadora, le enorgullece poder hacer algo por la gente, pero quizás su gran sueño es ver llegar a López Obrador a la Presidencia. Ella confía en que él podrá combatir las reformas estructurales.

Cuando habla de él su pecho se infla, sus hombros se alzan, su mirada brilla y su voz se enaltece.

La insurrecta, como la llama la prensa política, afirma estar viviendo la mejor época de su vida, su mayor orgullo es ser libre y su mayor felicidad son sus hijos y nietos. Todo le apasiona, vive la vida intensamente.

“Vivo cada momento, cada instante. Lo único que lamentaría es que la vida es muy corta, ¡quiero más! Tengo la mejor familia, padres amorosos, hijos que no hay a cuál irle, tengo al amor de mi vida, que después de 30 años no hemos perdido la pasión, todo lo vivo muy fuerte. Me toca vivir momentos del país que son inéditos y disfrutar de los reflectores que permite el Senado”.

--¿Qué la hace reír?

--Yo no tengo un gran sentido del humor pero siempre me estoy riendo, mi padre decía que tengo la sonrisa a “flor de labios”, amanezco feliz y me duermo igual. Siempre tengo un motivo para reír y para tener una sonrisa en la boca. Yo aspiro a la sabiduría, dicen que el vértice de la sabiduría es la bondad, eso es lo que quiero en la vida, y si pudiera pedir algo más, sería trascender, como decía mi padre.

Su mensaje a los jóvenes es simple: “Son el motor del cambio que requiere el país, cuando digo que son el alba es porque son el mañana, el futuro. Como decía Neruda: ´han arrancado todas las flores pero no se podrán llevar la primavera´, los jóvenes son la primavera, son heraldos del amanecer, que con ese espíritu lleno de energía traerán la primavera a la nación”.

Una vez más su voz se alza, la pasión de sus movimientos intimidan. Su pronunciación delicada da énfasis a sus palabras. Su elegante persona se levanta del sillón, me acompaña a la salida, me abraza, me besa, me desea suerte en mi camino y se despide.

Layda Sansores en un personaje polémico dentro de la política nacional, su historia refleja la inestabilidad del sistema, y su convicción la esperanza.








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LOS PUMAS DE BASQUETBOL VUELVEN A LA UNIVERSIADA

Por Rafael Vadillo
México (Aunam). El quinteto varonil Puma, comandado por Daniel Gómez, consiguió su clasificación a la Universiada Nacional 2016, a disputarse en estado de Jalisco el próximo mes de mayo, tras vencer a la Universidad Marista (UMA) por marcador de 65-54 en las semifinales del Regional del Consejo Nacional del Deporte de la Educación (Condde).


Después de pasar la etapa de grupos con dos victorias (frente a La Salle D.F. y la Universidad de Guerrero) y una derrota (frente al Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey Campus Toluca), los Pumas avanzaron en el segundo lugar del grupo A; situación que los puso en el partido, por un boleto a la Universiada, en contra de la UMA (primer lugar del grupo B).

Con esta clasificación los auriazules regresarán a la máxima justa deportiva a nivel nacional. Tras un año de ausencia los Pumas buscan mejorar su última actuación, en la Universiada Nacional Puebla 2014, donde llegaron hasta los cuartos de final.

La otra cara de la moneda


Por su parte el equipo representativo femenil, dirigido por Miguel Ángel Tello, se quedó fuera de la Universiada Nacional luego de perder dos de los tres juegos de la etapa de grupos del Regional del Condde.

El conjunto felino estuvo dentro del grupo A y se enfrentó a sus similares de la UMA, el ITESM Toluca y la Universidad Autónoma de Morelos (UAEMor).

En tres duelos disputados en las instalaciones del Frontón Cerrado, el quinteto femenil salió victorioso ante la UAEMor pero cayeron frente a la UMA y el ITESM Toluca.

Con estos resultados, el representativo auriazul, termina su actividad por lo que resta de la primera mitad del 2016.

Fotos por: Rafael Vadillo y Susana Wei


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JUAN PABLO ARCIGA: UN GENIO EN LA ROBÓTICA MEXICANA

Por Yareli Ortega Avila
México (Aunam). “Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”, Juan Pablo Arciga recuerda la frase de Confucio, la cual le ha guiado y servido de inspiración en su carrera, alentándolo a seguir sus sueños de manera constante.

Es alto y luce jovial, aunque un poco cansado, con las ojeras características por el fin de su quinto semestre. Sus manos, largas y firmes, más allá de expresar emociones, es ese toque perfeccionista que él siempre busca haciendo movimientos exactos e inequívocos. Su vestimenta tan casual como su actitud: porta una playera que lo identifica como parte de la comunidad de ingeniería mecatrónica.


Busca un lugar tranquilo donde disfrutar de una buena plática, decide ir a un lugar con sombra, pues el día está muy caluroso como para querer estar bajo los intensos rayos del sol. Observa el paisaje, la Torre de Humanidades que queda a sus espaldas y la Biblioteca Central hacia el frente, ve el monumento que a diario cruza para llegar hasta donde estudia, la Facultad de Ingeniería, donde él ya es más que conocido por sus logros.

Mi infancia resumida en un suceso

—Si pudiera resumir el porqué de cómo soy en un suceso de mi infancia, elegiría el día que mi madre fue a un festival a la primaria donde estudiaba

Se toca la cara como quien intenta recordar una caricia anhelada, sus ojos se llenan de esperanza y se nota como cambia su semblante al hablar de aquella situación, representando la importancia que tiene su madre en su vida.

—En la primaria, en el tercer grado, pusieron muchas manzanas con palabras escritas, como riqueza, abundancia, alegría y demás cosas que uno desearía para el futuro. La maestra dijo que cada padre debía escoger una manzana que tuviera escrita la palabra que desearían que su hijo tuviera e hiciera realidad para toda su vida, yo vi cómo muchos padres sin pensarlo recogían el dinero, el éxito y todo lo que pudiese ser material, al regresar mi madre a mi lugar, me dio la manzana que había escogido para mí: ese fruto decía “humildad”. —Al pronunciar la palabra se llena de orgullo, como un niño al saber que ha complacido a su madre, y suelta un pequeño suspiro—.

—Esa palabra es la que me ha acompañado en lo que tengo de vida, nunca se me olvida, tengo una foto en mi escritorio donde estoy con mi madre y esa manzana; esa palabra clave es la que guía día con día cada una de mis acciones y éxitos, en resumidas cuentas, es mi infancia resumida en ese día.

De médico a ingeniero en mecatrónica

—Yo no pensaba ser ingeniero en mecatrónica, mucho menos en llegar a estar en concursos con la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio, —más conocida como NASA por sus siglas en inglés, National Aeronautics and Space Administration— ni viajar por diferentes países; yo quería ser médico, me imaginaba desde pequeño con mi bata atendiendo a las personas y ayudando a curar a todos, pero pronto eso cambió.

Hasta que entré a la preparatoria, que fue en el CCH Vallejo —etapa importante, pues de ahí conoce a quien ahora es uno de sus mejores amigos, Cristian Cortés Pacheco — tenía la idea de estudiar medicina, no había nada que pudiera cambiar esa idea, ni por muy difícil que dijeran que es esa carrera, hasta que entré a un curso de robótica, donde empecé a ver que no sólo era bueno en eso, sino que de verdad me apasionaba el crear robots y armar y desarmar cada pieza; era como volver a ser un niño.

Después de entrar en ese curso, se dio la oportunidad de que mi equipo y yo viajáramos a Holanda a competir con países como Japón, Alemania y China, donde estuvimos en el lugar 15 de 45 participantes, esto me abrió los ojos y así fue como me di cuenta que no quería estudiar medicina, sino ingeniería mecatrónica.

La imaginación como libertad de ingenio

—La imaginación es algo muy importante en mi carrera, con ella se es libre, se piensa sin ninguna frontera y es lo que hace que podamos crear nuevas cosas, es ese ingenio que nos caracteriza.

Algo que siempre nos reconocen a los mexicanos en las competencias de robótica —dice con una sonrisa brillante, orgulloso de serlo— es ese ingenio, el crear mucho con tan poco, es lo que nos ha hecho a mi equipo y a mí irnos destacando en las competencias a las que hemos asistido.

—No voy a mentir, hay personas de otros países que al preguntarnos de dónde somos y escuchar nuestra respuesta llegan a sacarse de onda, piensan que en México aún no estamos lo suficientemente preparados para ir a ese tipo de competencias —al decir esto, se le ve serio, pero no desanimado, sus manos forman un puño tenso, que conforme va hablando se ablanda— pero en cuanto ven nuestro robot y todas las cosas que puede hacer, llegan a pedirnos hasta consejos y eso me hace sentir orgulloso.

Vamos representando a México y es algo que nos hace sentir fuertes, —se mantiene en una posición erguida— porque a pesar de los problemas y la situación que vive el país, somos nosotros la prueba de que los mexicanos somos luchones y podemos distinguirnos entre países tan importantes con nuestro ingenio y esfuerzo.

Enseñar para aprender

—La escuela de robótica era una idea que tenía desde que entré a la carrera, pero por falta de presupuesto y tiempo no se había podido realizar, hace poco fue que se me dio la oportunidad de comenzar con estos nuevos proyectos.

Juan Pablo Arciga ganó en septiembre del 2014 un reconocimiento, otorgado por el estado de Michoacán —lugar de nacimiento de Arciga— llamado Premio Estatal al Mérito Juvenil, a través de la Secretaría de los jóvenes,que se da por el aporte al desarrollo de la comunidad, municipio, estado o país, donde Juan Pablo Arciga fue reconocido por contribuir a la ciencia y tecnología y con este reconocimiento también se le dio un apoyo económico.

Con ese apoyo económico fue que pude comprar el material para comenzar con las clases de robótica, —clases que comenzaron a impartirse a principios del mes de agosto— ya que los materiales son muy caros, optamos por utilizar piezas de LEGO para que los niños puedan realizar sus robots.

Es importante para mí —menciona ilusionado y abriendo más los ojos para notar su orgullo por los resultados logrados—. Los niños son el futuro de nuestro país y no pretendo que mis alumnos salgan de la clase queriendo estudiar mecatrónica ni nada de eso.

—Me interesa el lograr que desarrollen sus habilidades motrices, su ingenio e imaginación para que así no crean que algo es imposible; es abrirles un panorama diferente al que ven en la escuela, haciendo que tengan un hobby o actividad recreativa que ayude a su crecimiento.

Enseñar me hace ser mejor, pues sus ideas de los niños siempre serán más libres del prejuicio, más puras y, hasta cierto punto, más locas — la locura para él es una de las más grandes bendiciones, por ser lo que te hace ver más allá de la realidad, sin límite alguno— por eso es que dar clases es una muy grata experiencia.

Al final medicina y mecatrónica no son tan diferentes

—Mi robot ideal sería un androide que ayude creando prótesis y haciendo diagnósticos para las personas enfermas, sería un robot que pueda ser llevado a cualquier lugar para ayudar en lugares donde el hombre no podría entrar sin morir, que esté dedicado al área médica.

Al final medicina y mecatrónica no son tan diferentes— menciona mientras va saludando a estudiantes que pasean por los pastos de CU lo que hace ver lo popular que es; un hombre sociable, aunque ocupado, siempre tiene tiempo para una sonrisa—.

Puedo encontrar un punto medio en donde ayude a las personas, pero también logre crear un robot, utilizando así los conocimientos de ambas y hasta más disciplinas, ya que nunca es suficiente con saber sobre un tema, para poder ser mejor debemos conocer de diferentes áreas para complementar lo que estamos destinados a hacer.

No hay un bien sin mal


—La tecnología hoy en día se ve como algo malo por los cambios tan grandes que ha logrado en la convivencia del hombre, sin embargo, eso depende de los usos que se le da; es un beneficio porque facilita las tareas diarias y si es bien empleado abre un amplio campo para la comunicación ya que sin la tecnología no podríamos ver a quien está en un país lejano.

Lo que se debe hacer es reforzar los valores—para él, el amor y honestidad, de los más importantes—que se inculcan en la familia, para no visualizar a la tecnología como objeto de rompimiento de familias o relaciones no todo puede ser bueno, no hay bien sin mal y nosotros somos los que podemos descubrir qué lado de la moneda queremos más.

Siempre tengo amigos que me abriguen

Ser selectivo nunca traerá nada bueno —menciona con el ceño fruncido, como recordando alguna ocasión en que lo hayan sido con él—, no por trabajar con robots vamos a tratar a los humanos como tal, se necesita socializar y siempre tener amigos o compañeros que te abriguen.

Mi apoyo siempre han sido mis dos mejores amigos, uno de ellos de la misma carrera que yo y, el otro, de Diseño Gráfico, los cuales están conmigo en el proyecto de RoboWit, así es llamada la escuela de robótica, siempre me han apoyado y yo confío plenamente en ellos, son quienes me dan su ayuda, aunque sepan que saldrá mal todo, nunca dudan de mis capacidades como yo no dudo de las suyas.

Algo que me ha traído la carrera, los viajes y competencias son la convivencia con personas de otros lugares que me brindan su amistad y bueno, nunca está de más tener amigos esparcidos por todo el mundo, uno no sabe cuándo se necesitarán, —dice con una risa traviesa, propio de un niño que recuerda sus aventuras, dejando ver sus blancos dientes y grandes pómulos—.

Frase de vida

—Siempre me pregunto si lo que estoy haciendo hoy, me está llevando a donde quiero estar mañana, siempre, trato de volver a ser niño y ver si estoy orgulloso de lo que hago, de cómo soy, de si no malgasto mi tiempo o si estoy actuando impulsivamente, el hacer esto me ayuda a no dejar de tener los pies en la tierra.

A pesar de que “ya soy famosillo” entre mi Facultad, siempre debo esforzarme para mejorar y no dejar que la vanidad me gane.

Sé que he tenido que sacrificar tiempo con mi familia, mis amigos y hasta relaciones sentimentales, pero la escuela requiere ahora mi concentración y sé que si quiero cumplir mis metas debo hacer un esfuerzo para lograrlas, y no me estresa el hacerlo o pensarlo, simplemente ese es mi secreto, siempre vivo estresado —suelta una carcajada que resuena en las paredes del lugar semicerrado en el que se encuentra, con el viento que da la impresión de llevarla arrastrando por entre el pasto—.

En 10 años

Es difícil imaginarse a futuro, cuando aún no acabo la carrera ni tengo una pareja estable que me respalde, supongo que me veo trabajando en lo que me gusta, continuar con mis proyectos y, sobre todo, seguir enseñando, es algo que no quiero dejar de hacer, tener esposa e hijos y viajar mucho —se ve como su vista se pierde, pensando en cómo será su familia y trabajo, con sus pestañas enormes, destacando de esos ojos llenos de esperanza de vida—, conocer otros países, aprender chino mandarín y conseguir mis metas planeadas hasta ahora.

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