jueves, 30 de junio de 2016

EL PERIODISMO TROTAMUNDOS DE MANUEL MEJIDO

Por Jair Avalos López
México (Aunam). La máquina de escribir acompañó al periodista Manuel Mejido por 62 años de carrera. Ahora, aún activo en la profesión, usa computadora para redactar sus columnas que se publican en la edición del sábado en El Sol de México.


Su casa es blanca y espaciosa. Su estudio no es muy grande, pero tiene lo necesario: un escritorio, su computadora, su máquina de escribir, algunas fotografías enmarcadas (en especial dos de sus nueve nietos) y algunos ejemplares de los libros que considera más importantes.

Desde el ventanal frontal de su estudio entran los rayos del sol que reflejan en su ropa deportiva. “Es que voy a nadar sobre las 11”, justifica su coordinado negro con líneas amarillas.

Manuel Mejido Tejón nació el 8 de diciembre de 1932 en el municipio de Tierra Blanca, Veracruz, ubicado en la zona central del estado y considerado uno de los municipios con mayor extensión territorial.

-Don Manuel, ¿por qué se dedicó al periodismo?

-Porque yo de niño vi mucha injusticia. Dos o tres años antes de nacer a mi padre lo secuestraron y esos se pagaban en oro. El general Miguel Molina, amigo de la familia llegó con el piquete de soldados, fusilo a unos ahí. Yo tenía 11 meses de nacido cuando vuelven a secuestrar a mi padre y lo asesinan.

Los ojos de Mejido son color café con su correspondiente aureola azul alrededor del iris, señal de su avanzada edad; pero salían chispas de su vista al hablar de la muerte de su padre y de la acusación de sedición hacia su madre por el asesinato póstumo del alcalde y funcionarios del ayuntamiento por el crimen.

“Mi madre se quedó sola en un país que no era el suyo, porque ella era asturiana, con una acusación de ese tamaño. Se la llevaron a Xalapa con los militares. Esas injusticias me orillaron a comprometerme con el periodismo”, dice.

Comenta que las autoridades de antes “han robado, pero ahora roban con un cinismo escandaloso. Y es un problema que no se ha desterrado del México, por eso muchos países latinos nos han superado en aspectos económicos y educativos, como Uruguay”.

Carlos Denegri, “como el padre que me mataron”

Mejido llegó un día a la oficina de Carlos Denegri, la estrella del diario Excélsior en la década de los cincuentas y reconocido de forma nacional por la calidad de sus coberturas.

-¿Qué era lo que lo que hacía genial a Carlos Denegri?

-Era genial como reportero. Era sumamente inteligente. Pero él tenía el defecto de que no veía mal hacer trabajos para los políticos. Eso fue lo que todos le criticaron, pero era el más inteligente de todos.

Al hablar de Denegri la voz de Mejido cambia. Su mente comienza a recordar anécdotas y hechos sobre su amigo.

“Carlos Denegri, Demetrio Bilbatua y yo nos recorrimos el mundo entero en las giras presidenciales, sobre todo las de López Mateos. Después yo me fui con Bilbatua a las giras que se grababan en cintas de 35 milímetros”, dice.

Manuel Mejido llegó a la oficina de Denegri a mediados de los cincuenta para pedirle que fuera “su maestro en el periodismo”. Así ocurrió, dice el periodista que no había distinción entre los estilos periodísticos de uno y otro. “Uno podía empezar una nota y otro terminarla y nadie se daba cuenta”.

-Enrique Serna está elaborando un libro sobre Denegri.

-Pues a mí no me han preguntado nada y yo soy quien más conoció a Carlos Denegri– respondió con sobresalto.

Varios años después de que ambos siguieron sus sendas en el trabajo reporteril, Mejido siguió frecuentando a Carlos Denegri; tan estrecha era la relación “que Julio Scherer me odió por herencia de Denegri”.

“Muchas veces me arrepiento de una cosa. Un día que él iba a tomar el avión me dijo ‘Manuel, te quiero como al hijo que nunca tuve’; pero me quedé callado y no le dije que lo quería como al padre que me mataron. A los pocos meses lo mató su esposa”.

Chile y el golpe de Estado

“Yo ni quería ir a Chile. Se trataba la visita de una reunión americana sobre Los problemas del hambre en el año 2000, a mí que me interesaba el dos mil. A mí me interesaba el presente. Pero me mandaron y fui”, relata Mejido sobre el golpe de Estado que sufrió el gobierno de Salvador Allende en 1973.

En el vuelo de México hacia Chile compartió la nave con Hortensia Bussi de Allende; “claro, ella venía de una reunión oficial e iba en primera clase. Yo, en clase turista”.

-Este viaje fue suerte…

-¡Que va a ser suerte! Yo había dicho que no quería ir, que no me interesaba, pero a Julio Scherer se le olvidó y me llamó un día antes. Estaba en Sinaloa y me llamaron que me tenía que presentar.

En el país sudamericano se encontró con Gonzalo Martínez Corbalá, político oriundo de San Luis Potosí y embajador de México en el periodo Allendista. El diplomático y el periodista fueron buenos amigos de juventud y ahora se reunían en situaciones desconocidas.

“Gonzalo me consiguió una entrevista para las cinco de la tarde con el presidente Allende. En ese 11 de septiembre del 73, a las cuatro de la tarde, Allende ya estaba muerto”, señala el veracruzano.

Por la mañana del día trágico para los chilenos los periodistas desayunaban en el hotel San Cristóbal Sheraton. El escenario era desolador, pues ya era notorio el bloqueo en el país; sólo había para desayunar huevos y pan en pequeñas porciones.

“Sale Allende en la radio para decir que le habían dado golpe de Estado y todos nos vamos del hotel a buscar la noticia. Salimos, ¡y huelga de taxistas! Ya en la calle se me acerca un señor muy bien plantadito y me ofrece el servicio, se llamaba Luis García”.

Aquel hombre de edad avanzada lo llevó por el paisaje bélico de Santiago de Chile, donde los grupos de tanques, camionetas del ejército, soldados invadieron la capital y atacaron el Palacio de la Moneda.

“Llegamos a un cerco militar; el señor se bajaba y hablaba con algún militar y nos dejaban pasar. Uta… otro cerco. Pasaba exactamente lo mismo”, describe Manuel Mejido.

-¡Oiga!... ¡Yo no voy a andar un kilómetro más con usted hasta que no me diga quién es! – le gritó a su chofer.

-No se espante. Soy un militar retirado del ejército y soy coronel del Estado Mayor, por eso yo me acerco con los guardias y hablo con ellos para que nos dejen pasar.

-Híjole, mano. Qué suerte. ‘vámonos’, le dije al señor y así fue como pude atestiguar todo lo que sucedió en Chile.

Las manos de Mejido comienzan a dibujar la barbarie cometida en el gobierno de Allende. “Pero los militares no fueron nada tontos, pues destruyeron edificios y al Palacio de la Moneda lo bombardearon de tal manera que la fachada quedara intacta”.

La ciudad estaba totalmente acordonada con las fuerzas armadas nacionales. Encontró a Hortensia Bussi, viuda de Allende, a la cual le hizo la primera entrevista después de la muerte de su esposo.

Manuel Mejido tenía 40 cuartillas de información periodística, pero las comunicaciones estaban cortadas. No había teléfono, no había Telex, que era el primer aparato de transferencia de datos usados por los periodistas en aquella década.

“Vi el bombardeo con el mexicano Manuel Díaz Escobar, que ya era general, y él me iba explicando todo el bombardeo. Me metí a la oficina de un funcionario Mendoza, donde estaba el teléfono y el Telex, pero no había nada. Ahí me quedé, me senté y me quedé medio dormido. Hasta que oigo un timbre y pensé que era el Telex, pero no. Hasta que busco y en una esquina había un pequeño teléfono negro”.

El hallazgo del periodista mexicano era oro molido. Descolgó y descubrió que era una línea funcional: “Somos de la agencia Télam, somos una agencia de noticias. Ellos habían agarrado la única línea que había que fue la que pusieron en 1917 entre Mendoza, Argentina y Santiago de Chile”.

En 1973 respecto al golpe de Estado había dos clases de informaciones, lo que decía la Junta Militar de Pinochet o las noticias de Manuel Mejido. Y todo el mundo se llevó las notas del periodista para los periódicos de todo el mundo.

“Hagan el favor de hablar a México con el señor Manuel Becerra Acosta. Quiero saber si estoy llegando a México, yo les paso lo que quieran pero quiero saber eso. Pregúntele al señor Becerra Acosta dónde se volvió a casar”, cuenta Manuel Mejido.

A las pocas horas del primer informe los argentinos respondieron a la petición del corresponsal que “Becerra Acosta se había casado en su casa de Cuernavaca. ¡Perfecto, estoy llegando a México!”.

La línea telefónica estuvo descolgada durante 10 días, que fueron los que reportó Mejido al mundo entero todo lo que pasaba en Chile. Para poder andar por las calles de Santiago ensangrentada consiguió varios salvoconductos con amigos que lo apoyaron en su aventura periodística.

“Yo estaba llegando a México, era lo que me interesaba. Me grabaron por teléfono para la televisión argentina, la radio argentina, la de México; aquí y allá. Pero yo estaba contento porque llegaba a mí periódico, Excélsior”.

“Ave de mal agüero”

Luego de esos 10 días en la ocupación militar chilena Manuel Mejido se va a Argentina para hacer la crónica de las elecciones presidenciales. Lo que no sabía es que las puertas con los candidatos se le abrirían por lo impactante de sus informaciones.

“Todos los periódicos estaban tapizados con mis notas. A los candidatos los entrevisté en un día, de Perón para abajo. Pero fueron unas elecciones muy sangrientas con muchas muertes de líderes obreros”.

A los días se fue a Colombia. Llegó al despacho de Germán Castro Caicedo, escritor y periodista, donde se les notificó ese mismo día la organización de la huelga del gremio camionero.

“Mi amigo Daniel Samper del periódico El Tiempo escribió en una columna que yo era ave de mal agüero, porque a donde llegaba pasaba algo. Y en Portugal me dijeron lo mismo, donde me metía había un desmad…”, bromea Mejido y se ríe de sus coberturas periodísticas.

-Oiga, pero esto tiene que ser suerte.

-Nada, ¡hay saber y hay que estar! ¡Y saber armar las coberturas! – enciende Mejidos sus ojos y golpea en su escritorio.

-Si hubiera sido otro…

-Ah chinga… No, yo armaba mis reportes enseguida. En menos de 30 minutos ya tenía todo y lo mandaba. Lo que pasa es que tenía mucha experiencia en el mundo y aprendí a moverme. Eso cayó en manos que sabía qué hacer con ello.

“Gabo me entrevistó a mí primero, luego yo a él”

Al regresar a México Gustavo Alatriste lo llamó al diario Sucesos, donde Gabriel García Márquez era subdirector. Ahí fue el primer encuentro.

“Me dijo Alatriste que Gabo ya no se dedicaría más al periodismo, sólo a escribir. Me ofrecieron ese trabajo y lo rechacé. Pero sí le pedí entrevista, pero Gabo me entrevistó a mí primero, luego yo a él. Quería saber todo lo de Chile que estaba muy reciente en aquel momento”, recuerda.

Manuel Mejido recuerda también la entrevista con Pablo Picasso, a quien con engaños logró convencerlo de entrevistarlo. Pue le dijo “que era representante del grupo de exiliados españoles en México. Y que Eneko Belausteguigoitia le mandaba saludos”.

“Cuales saludos, si era un compañero de la escuela. Aunque eso no se lo pude aclarar después al maestro. Pero es un bonito recuerdo que conservo de él. Me acuerdo cuando llegué a su casa y me salió con una máscara guaneña grandota”.

-¿Cuál es la entrevista que recuerda con más cariño?

-La de Kerensky, creo que fue la mejor – responde Mejido Tejón - ¿Sabes usted quién es Aleksandr Kérensky?

-No…

-Eso hay que saberlo. Kérensky fue quien derrotó a los ejércitos del Zar ruso, pero quedó como un sándwich en la historia entre la caída del Imperio Ruso y la Revolución Comunista de Lenin. Él huyó de su país, aún como presidente, vestido de mujer y se fue a Francia y luego a París.

Manuel Mejido supo de la sobrevivencia de Kerensky por una nota de la agencia Associed Press. Al imaginar que era una nota falsa llamó por teléfono a Nueva York con su compañero Luis Suárez del Solar, que era el encargado de los asuntos latinoamericanos de la agencia.

-Oye Luis, ¡cómo se atreven a publicar notas falsas!

-¡Cuáles falsas! – respondió sobresaltado

-Pues la Kérensky, ese hombre ya murió.

-No, vive en Nueva York. Aquí vive. ¿Quieres entrevistarlo?

Esas fueron las palabras para que Manuel Mejido obtuviera el teléfono del ex líder ruso y concertaran la entrevista al día siguiente por la tarde. El periodista llegó con su jefe Manuel Becerra Acosta, subdirector de Excélsior, para solicitarle el permiso para ir.

“Le llevé una de las primeras ediciones de hemeroteca de Excélsior y le mostré la nota. Me dijo que sí y a la mañana siguiente me estaba embarcando a Nueva York para hacer la entrevista con Kérensky”, narra el veracruzano.

Manuel Mejido trabaja en las mañanas en su columna Alto Poder que se publica en El Sol de México. Además, a sus 83 años camina por el agua para fortalecer su columna, viaja y convive con su esposa y su asistente Héctor Bastida.

Él dedica sus mejores momentos para sus nueve nietos, y prepara un posible nuevo libro con las entrevistas y notas informativas que realizó en el mundo y de cerca de los personajes históricos. Ahora, Mejido Tejón ve a la distancia sus experiencias y su estilo para reportear, un periodismo trotamundos.



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1 comentarios:

José de Jesús Sánchez dijo...

Excelente nota llena de muchas experiencias de lo que es el verdadero periodismo.
Dios siga bendiciendo al gran Manuel Mejido.